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La guerra comercial entre China y EE.UU.: ¿Tendrá un impacto en los países de América Latina?

 

--Adriana Peluffo

Actualmente, China y Estados Unidos (EE.UU.) son los dos actores principales de la economía mundial. Los EE.UU. han mantenido su posición de ser la mayor economía del mundo desde los años setenta del siglo XIX, dado que constituye casi la cuarta parte de la economía mundial, impulsada por una infraestructura y tecnología de avanzada y por la abundancia de recursos naturales.

Por su parte, China ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos decenios, dejando la economía de planificación centralizada y abriéndose al mundo. Ha pasado de ser una economía cerrada a ser un centro de fabricación y exportación a escala mundial, creciendo a una tasa promedio del 10% anual. Recientemente, la tasa de crecimiento se ha reducido, pero sigue siendo alta. A causa de esto, a lo largo de los años la diferencia de tamaño entre la economía china y la estadounidense se ha reducido rápidamente.

Últimamente, la economía mundial ha sido testigo de una serie de disputas entre China y los EE.UU. Las disputas comerciales comenzaron en enero de 2018 cuando los EE.UU. impusieron aranceles de salvaguardia a grandes lavadoras residenciales, células y módulos solares. Esto dio lugar a una guerra comercial entre estas economías, lo que provocó nuevas represalias y amenazas de mayores aumentos de aranceles, e intensificó la tensión entre China y los EE.UU.

¿Cuáles son las causas de la guerra comercial entre China y los EE.UU?

Las guerras comerciales no son nuevas. Además de China, los Estados Unidos también han entablado guerras comerciales con Japón y la Unión Europea (UE), las cuales se resolvieron pacíficamente mediante negociaciones bilaterales.

Por lo general, las verdaderas razones de una guerra comercial no son sólo económicas sino que también hay razones políticas como la lucha por el poder económico entre los países. Entre las razones económicas de EE.UU. están su propio dominio del mundo, los déficit comerciales debidos al comercio con China y la pérdida de puestos de trabajo que se concentraban en algunos sectores y lugares de EE.UU.

El desequilibrio comercial ha sido durante mucho tiempo la raíz de las crisis de la deuda nacional de EE.UU., así como del descontento público en el país, lo que ha motivado al gobierno a emprender una guerra comercial contra China.

Otra razón de la actual guerra comercial puede estar en el sistema político americano.

En los EE.UU. hay elecciones intermedias donde los votantes eligen a los miembros del Congreso. Las elecciones intermedias celebradas en noviembre de 2018 dieron al presidente en ejercicio Donald Trump incentivos a adoptar políticas radicales para atraer a sus seguidores. Dado que una de las principales promesas de Trump durante su campaña electoral fue resolver el problema del déficit comercial, la guerra comercial entre China y los EE.UU. parece ser un paso oportuno y lógico de su partido político en las elecciones de mitad de período.

Por último, otra razón es la batalla por el dominio económico mundial. Hoy en día China es el segundo productor mundial, y el PIB de China es mayor que el de los EE.UU. en términos de paridad de poder adquisitivo. La importancia de la moneda china -el renmimbi o yuan chino- ha ido aumentando y los planes estratégicos de China reforzado su imagen, constituyendo una amenaza a la posición dominante de los Estados Unidos. Por lo tanto, la guerra comercial entre China y EE.UU. también tiene como razón la competencia por el dominio económico entre las dos naciones.

¿Cuáles son los efectos económicos de una guerra comercial?

Hay varios estudios que analizan el impacto de la guerra comercial entre EE.UU. y China. Éstos analizan el impacto de la guerra comercial en diferentes aspectos (PIB, bienestar, empleo, comercio), utilizando diversas metodologías e instrumentos (barreras arancelarias y no arancelarias, con y sin represalias, etc.), y distintos escenarios económicos. Todos estos trabajos encuentran un deterioro en los EE.UU. y China, así como en el mundo, debido a esta guerra comercial.

Es más, hay quien sugiere que la guerra comercial entre China y Estados Unidos podría evolucionar eventualmente hacia una nueva Guerra Fría, lo que afectaría la estabilidad del entorno político y económico a nivel mundial. Esto arroja dudas sobre el futuro del comercio y la globalización.

Relaciones entre China y los países de América Latina y el Caribe (ALC)

Hay algunos estudios sobre la creciente relación entre China y los países de América Latina y el Caribe. Desde el punto de vista de China, este país tiene que internacionalizar su estrategia de desarrollo para compensar su déficit de recursos naturales, alimentar a la mayor población del mundo y promover el crecimiento para convertirse en la mayor economía del mundo.

En 2001 China ingresó en la Organización Mundial del Comercio. Este país tiene una gran demanda de cobre, petróleo crudo, mineral de hierro, soja y harina de pescado; desde 2003 hasta 2013 el precio unitario de estos bienes aumentó en casi tres veces. Los países de ALC que son abundantes en estos recursos naturales, como Argentina, Brasil, Chile y Perú, venden directamente a China. Por otro lado, países como México, que vende la mayor parte de sus exportaciones de productos básicos a los EE.UU. y otros mercados, también se beneficiaron indirectamente del auge de los precios de los productos básicos impulsado por China.

La tasa de crecimiento anual de China fue de 9-10 % durante casi 30 años, y desde 2013 se redujo a 6-7 %. En lo que respecta al comercio entre China y ALC, éste aumentó 20 veces entre 2000 y 2016. En 2016 China representaba el 9% de las exportaciones de ALC y el 16% de sus importaciones.

Además, durante este período los flujos de IED de China en ALC fueron de 113.600 millones de dólares.

Sin embargo, los vínculos entre China y ALC en la década de 2000 tienen el peligro –como lo señala la escuela de la neo-dependencia– de un "intercambio desigual" y la "maldición de los recursos naturales". El intercambio desigual se refiere a la dependencia de los países de ALC de las exportaciones de productos primarios –que también están más expuestos a las variaciones cíclicas de los precios– y de las importaciones de productos manufacturados con precios en constante aumento. Por otro lado, la "maldición de los recursos" se refiere a la dependencia de un país de la exportación de un producto básico a expensas del sector industrial.

Hoy en día, China es un país con abundancia de capital que persigue un modelo de desarrollo basado en las exportaciones. La mano de obra barata y los tipos de cambio infravalorados son cosa del pasado.

Los países más pequeños de ALC (Chile, Costa Rica y Perú) experimentaron mayores tasas de crecimiento y formación de capital que sus vecinos más grandes y más industrializados (Argentina y Brasil) desde el comienzo del milenio.

Las tres economías pequeñas emprendieron reformas institucionales que incluyeron no sólo aspectos macroeconómicos, comerciales, fiscales monetarias y de desempeño institucional. Estos tres países firmaron acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos y China. Por el contrario, en Argentina y Brasil las instituciones se deterioraron, en un contexto de corrupción y recesión y políticas neo-proteccionistas. En resumen, el período posterior al boom ha mostrado la necesidad de realizar reformas considerables por parte de la mayoría de los países de ALC. Para la mayoría de estos países de ALC, la actualización tecnológica, la educación de alta calidad, la diversificación significativa del comercio con China, la apuesta por procesos fuertes de integración regional y la fuerte inversión en infraestructura física son las claves estructurales para un crecimiento dinámico a largo plazo.

Así pues, se ha producido crecimiento en el Sur liderado por el auge de los productos básicos encabezado por China, con importantes diferencias entre los países de nuestra región. No obstante, a medida que la demanda de China se desvanece, es más apremiante que los países latinoamericanos mejoren su capital humano y físico, así como su capacidad tecnológica y su entorno empresarial.

Actualmente, es difícil predecir la evolución de este conflicto, excepto por la alta probabilidad de que tenga efectos duraderos. La reducción de la confianza entre los Estados Unidos y China podría dar lugar a pérdidas económicas persistentes, incluso si se logra un final negociado de la guerra comercial. La reconstrucción de la confianza lleva tiempo y, hasta que se restablezca la confianza, los costos de la incertidumbre de esta guerra comercial permanecerán y afectarán a los países de América Latina y el Caribe, que deberán mejorar sus capacidades, así como al resto del mundo.


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