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Reseña de "El Negacionismo Económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología"

 

--Leticia Correa

Reseña de El Negacionismo Económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología[i]

Pierre Cahuc y André Zylberberg han publicado juntos un gran número de libros y artículos, la mayoría de ellos sobre Economía Laboral. El Negacionismo Económico es el primero que se traduce al español y el que más polémica ha despertado. Como el propio título lo ilustra, se trata de un manifiesto contra economistas, pero también intelectuales, medios de comunicación, empresarios, y todos aquellos que, por diversos motivos -principalmente su ideología- niegan el hecho de que la economía se ha convertido en una ciencia experimental y, como tal, tiene mucho que enseñarnos. A través de siete capítulos los autores intentan desenmascarar «falsas verdades» que diversas personalidades del ámbito público o académico afirman sin tener evidencia científica que las respalde.

La economía como ciencia experimental

Uno de los puntos del libro que ha despertado debate es la afirmación de que la economía ha alcanzado el estatus científico de las ciencias exactas. Al respecto, una reseña publicada en el sitio elconfidencial.com, denominada Hay un libro de economía que está sacudiendo Francia, y es infame[ii], señala que la tesis de Cahuc y Zylberberg «es peligrosa por varios motivos. El primero es que describen la economía como una ciencia exacta, algo que dista mucho de ser. La economía no es equiparable a la física, por razones obvias, y ponerla a la misma altura es otorgar a la disciplina una precisión de la que carece. […] En segundo lugar, no solo están igualando la economía a una ciencia exacta, sino que lo que equiparan no es la disciplina, sino una de sus versiones, la neoclásica».

Aunque entendibles en algún punto, estas críticas desvían el foco de lo que, a mi entender, los autores realmente quieren expresar: la economía ha avanzado tanto en las últimas tres décadas que se ha convertido en una ciencia experimental, que, al igual que la medicina, compara grupos experimentales a los que se aplican determinadas medidas, con grupos de control, a los que no se les han aplicado. A su vez, los resultados obtenidos en estos experimentos son publicados en revistas científicas, pero no sin antes someterse a un estricto control por parte de expertos en la materia. Entonces, la economía es una ciencia como las demás por cuanto produce conocimiento siguiendo el método científico.

La retórica negacionista y sus tres pilares

A lo largo de los capítulos, los autores van exponiendo los tres pilares en que se basa la retórica negacionista:

  1. El ethos o la condición del que habla
  2. Movilizar el pathos o señalar chivos expiatorios
  3. El logos o el arte de construir el razonamiento

Aquí destacan el intelectual comprometido y el gran empresario. Los dos primeros capítulos del libro intentan mostrar cómo estas dos figuras utilizan su «autoridad moral» para desacreditar el conocimiento científico.

En el primer capítulo, Los falsos científicos, se exponen distintas personalidades, como los «filósofos anticapitalistas» o los «economistas aterrados», como ejemplos claros de negacionismo. Todos ellos denuncian una ciencia económica ortodoxa al servicio del liberalismo, que no defiende más que lo intereses de la clase dominante y rica, por lo que, según su lógica, utilizar esa ciencia para mejorar la situación de quienes no forman parte de la clase dominante no tiene sentido. Según los autores del libro, este discurso es un perfecto ejemplo de negacionismo económico, porque ignora completamente el hecho de que una de las ramas más importantes de la ciencia económica es justamente la evaluación de los costes sociales de las políticas.

El segundo capítulo intenta mostrar que las recetas que recomiendan que, para que el sector industrial vuelva a ser el motor de crecimiento de la economía francesa, el Estado debe ser el arquitecto de una verdadera política industrial que subvencione la creación de sectores punteros, protegiéndolos de la competencia, no tienen fundamento alguno. Los que están detrás de estas recetas son los grandes patronos que alegan defender el empleo y la competitividad en beneficio de todo el país, cuando en realidad lo que quieren es preservar o aumentar su porción de mercado.

En economía, las finanzas y el Estado son dos chivos expiatorios por excelencia. Los capítulos tercero y cuarto muestran cómo la mayoría de los políticos, así como los economistas «heterodoxos» y otras figuras, infunden la idea de que las actividades de las finanzas y el Estado son perjudiciales para la población, lo cual es opuesto a lo que muestra el análisis económico.

En el capítulo Mis queridas finanzas encontramos un claro ejemplo de cómo una adecuada [des]regulación del mercado financiero tiene efectos positivos en el empleo y el crecimiento. En efecto, la reforma del sistema bancario francés en 1985 generó una redistribución de los recursos entre las mejores empresas, haciendo que las empresas más rentables crecieran más y las menos rentables empequeñecieran, y fomentando la entrada de nuevas empresas. Sin embargo, los «economistas aterrados» en su Manifiesto rechazan estas conclusiones, basados en un razonamiento que a priori no es incoherente, pero que no está basado en ningún estudio. Rechazar las conclusiones de numerosos estudios sin presentar estudios alternativos comparables en cuanto a la validación de los resultados es, dicen Cahuc y Zylberberg, otra forma de negacionismo.

Por otra parte, el cuarto capítulo del libro abre un debate sobre una temática que en Uruguay está muy presente: el sistema impositivo. «¿De verdad pagamos muchos impuestos?», «¿acaso los impuestos son tan perjudiciales para la actividad económica que justifican la existencia de nichos fiscales de todo tipo?» son las preguntas que se hacen los autores en este apartado, y la respuesta es no. Denunciar los impuestos ha sido y es una constante de los grupos de presión, que no cesan de reclamar nuevas exenciones fiscales; y si bien es cierto que las subas de impuestos tienen un efecto negativo en el crecimiento, efecto incluso nada despreciable, eso no quiere decir que los impuestos deban suprimirse.

El discurso negacionista se presenta como un razonamiento lógico, perfectamente estructurado y capaz de responder a todas las objeciones. Según Cahuc y Zylberberg, en economía este lugar fue ocupado durante mucho tiempo por el marxismo, y actualmente lo ocupan la doctrina keynesiana y la malthusiana. Éstas últimas son expuestas en el quinto y sexto capítulo del libro. Allí se muestra que las investigaciones recientes indican que estas recetas funcionan a veces, pero no siempre.

En efecto, los estudios expuestos en el capítulo cinco muestran que «el incremento del gasto público no es una panacea que funcione en todas las circunstancias. En particular, para que funcione, el tejido económico debe tener capacidad de reacción». Disfunciones del mercado financiero, laboral y de consumo, mala gestión pública, clientelismo político y corrupción son algunos de los factores que obstaculizan el éxito de las políticas keynesianas. ¿Cómo se explica entonces el apoyo incondicional a los remedios keynesianos por parte de la clase política y del conjunto de los economistas heterodoxos? La razón es sencilla dicen Cahuc y Zylberberg: los remedios keynesianos parecen indoloros y universales. No hay nada que cambiar en el funcionamiento de la economía, basta con aumentar el gasto público para que todo vaya mejor. Sin embargo, estos remedios no siempre hacen efecto.

En el capítulo Malthus y la angustia de la escasez, Cahuc y Zulberberg exponen diversos estudios basados en experimentos que han demostrado que la lógica malthusiana no se aplica en toda circunstancia y lugar. En realidad, sólo es válida cuando la agricultura desempeña un papel de primer orden. No obstante, el pensamiento malthusiano sigue siendo muy influyente, incluso dominante, a la hora de discurrir remedios para una situación de escasez, como por ejemplo la escasez de empleos. En este sentido, la idea según la cual la llegada de inmigrantes reduce el salario y las perspectivas de empleo de los residentes sigue directamente la lógica malthusiana. Ahora bien, según lo expuesto en el capítulo seis, todos los estudios sobre inmigración basados en planteamientos experimentales refutan las explicaciones y soluciones malthusianas.

Otra idea para reducir el desempleo que emparenta con la doctrina malthusiana es la de compartir el trabajo, por ejemplo, adelantando la edad de jubilación. Este adelanto conlleva un alto costo para los contribuyentes, que sólo se justifica si al mismo tiempo facilita el acceso de los jóvenes al empleo. Sin embargo, ningún estudio apoya esa idea. Quienes afirman lo contrario sin basarse en ningún análisis experimental están ejerciendo el negacionismo económico.

Reflexión final

«El negacionismo económico» es un libro que en ciento cuarenta páginas logra explicar con claridad su tesis, y lo hace utilizando sobrados ejemplos, tanto de la escena francesa como del ámbito internacional. Muchas de sus afirmaciones han generado controversia y en algunos casos rechazo absoluto. Hay quienes lo acusan de defender el neoliberalismo y de tener una postura arrogante y cerrada a nuevos enfoques. Sin embargo, si uno logra desprenderse de toda ideología puede comprender el mensaje: no se puede cambiar la sociedad sin tener en cuenta el conocimiento producido por el proceso científico, y eso va más allá de cualquier doctrina.

Independientemente del debate que pueda generar, es un libro que lleva inexorablemente al cuestionamiento y la reflexión, no sólo en lo referido a cuestiones de la ciencia económica, sino de la vida en general. Luego de leerlo, resulta muy difícil no cuestionarse cuántas afirmaciones que se hacen en los medios de comunicación están verdaderamente respaldadas por evidencia suficiente. ¿Cuántos de los políticos, periodistas o asesores que vemos, escuchamos o leemos a diario ejercen el negacionismo y muchos de nosotros ni enterados? Lo bueno es que ahora tenemos más herramientas para desenmascararlos.

Referencias

 


[i] Cahuc, P., & Zylberberg, A. (2018). El negacionismo económico: Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología. Deusto.

[ii]https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2016-09-21/libro-economia-francia-infame_1262945/