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Todos los docentes del departamento están invitados a enviar contribuciones para este blog. Las mismas no deben superar las 1200 palabras. Quienes estén interesados pueden escribir a Pablo Marmissolle (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ).

Consumo de alimentos en Uruguay (1900-1970): metodología y fuentes para la elaboración de series de consumo aparente

--Maximiliano Presa y Carolina Román

 

¿Por qué es relevante el tema?

Conocer la alimentación de la población nos permite, entre tantos otros fines, acercarnos a identificar otra dimensión del nivel de vida de una sociedad y como éste cambia en el tiempo. Habitualmente, al analizar históricamente los niveles de vida, se recurre a medidas monetarias como el Producto Interno Bruto (PIB) por persona, cuya mayor ventaja probablemente sea la posibilidad de comparación -luego de aplicar ajustes a las unidades de medidas- entre países a lo largo del tiempo (aunque la comparabilidad de esta variable no está ajena de limitaciones y restricciones). Otras medidas complementarias, como el Índice de Desarrollo Humano (IDH), procuran captar dimensiones que hacen al bienestar de las personas, incorporando la salud, educación y equidad en sus versiones más recientes.

Por otra parte, en el campo de la Historia Económica, ha ganado importancia otro conjunto de mediciones del bienestar, cuya ventaja radica en la posibilidad de abarcar períodos de tiempo más largos y realizar comparaciones internacionales. Dentro de éstas, se encuentran los indicadores biológicos. Estos incluyen a la antropometría, que estudia la evolución de la altura de las personas en base a registros escritos, normalmente de algún segmento determinado de la población; y los estudios sobre la disponibilidad y el consumo de nutrientes en una sociedad. En relación con este último aspecto se encuentran diversos trabajos internacionales (como los de Roderick Floud, Robert Fogel, entre tantos otros) que dan cuenta de la evolución a lo largo del tiempo del nivel de vida de un conjunto de sociedades atendiendo al aspecto nutritivo. Las mediciones de consumo de alimentos toman en consideración tanto las cantidades consumidas como la composición de las dietas alimenticias, en el entendido de que no solo es importante para analizar el bienestar el consumo de calorías, sino, también, el balance de los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) y de otros nutrientes (vitaminas y minerales, por ejemplo).

En el caso de Uruguay, contamos con estimaciones históricas de dimensiones tales como el PIB per cápita, los salarios reales, el IDH, pero aún tenemos mucho por conocer sobre las condiciones biológicas de la población. 

¿Cuál es el objetivo del trabajo?

En el trabajo titulado “Consumo de alimentos en Uruguay (1900-1970): metodología y fuentes para la elaboración de series de consumo aparente” se describe la construcción de series de consumo aparente de algunos alimentos entre 1900 y 1970, que intenta sentar las bases de una interpretación de la evolución del nivel de vida uruguayo desde otra perspectiva: la de los niveles y la composición de la dieta alimenticia de la población. Si bien en el trabajo, por la metodología utilizada, nos aproximamos al consumo promedio de la población, también procuramos conocer las características de los consumos en distintos ámbitos, distinguiendo entre Montevideo e Interior, y entre consumo urbano y rural.

Metodología y datos utilizados

La metodología utilizada consistió en aplicar el enfoque de flujo de mercancías y los criterios de construcción de las hojas de balance alimenticio de la FAO.

Se seleccionó un conjunto de alimentos característicos de la dieta uruguaya: carne (vacuna, ovina y porcina), harina de trigo y sus derivados (panificados, fideos, etc.), leche fresca y tubérculos (papas y boniatos). En total, esta muestra representa el 85% del gasto en alimentos en Montevideo en 1914, mientras que en 1937 esa proporción es del 61% y, en 1962, es de 46%, lo que muestra un proceso de diversificación en el consumo. Luego, se construyeron series anuales de consumo aparente de estos alimentos entre 1900 y 1970. El término “consumo aparente” se refiere a la forma utilizada para calcularlo: ésta toma para cada alimento las cantidades producidas anualmente en el territorio nacional, suma las importaciones y resta las exportaciones, así como las pérdidas debidas a los procesos de almacenaje y transporte, dando cuenta de las cantidades acumuladas en el período de referencia y anteriores. Las series fueron elaboradas a partir de información disponible en varias fuentes primarias y secundarias, así como consultas a expertos. El consumo está expresado en cantidades físicas y en términos per cápita.

Principales resultados

Las series obtenidas indican como resultado principal el aumento general de las cantidades consumidas en los alimentos de la muestra hasta fines de los años cincuenta, así como cierta diversificación en la dieta que se evidencia en el mayor crecimiento de los tubérculos y la leche fresca en comparación a las carnes -especialmente bovina- y la harina de trigo y sus derivados. Las carnes y la harina ya eran productos consolidados en la dieta uruguaya a principios de siglo, y el crecimiento de su consumo por persona fue de muy leve a moderado. Uruguay inicia el siglo XX con altos niveles de consumo aparente de carne -especialmente bovina- y lácteos, en comparación internacional y regional, rasgo que ha sido constatado y resaltado por investigaciones previas.

En particular, el crecimiento del consumo de leche fresca estuvo marcado por la extensión del proceso de pasteurización hasta la creación de CONAPROLE en 1937, mientras que experimentó un importante salto a fines de los años cuarenta debido, principalmente, a la regulación de su precio. Por el lado de los tubérculos, su crecimiento se puede asociar al crecimiento general de las actividades agrícolas en Uruguay, proceso que tuvo su auge en las décadas de 1910 y 1920 y posteriormente en la década de 1950. Por su parte, la evolución de las carnes muestra un mayor consumo relativo de carne vacuna en Montevideo que en el Interior, en donde predominaba el de carne ovina. Además, el abastecimiento de carne vacuna se vio resentido por la coyuntura internacional durante las Guerras Mundiales y por situaciones puntuales asociadas a condiciones climáticas (inundaciones de 1959, por ejemplo).

Conclusiones

Como conclusión, se tiene que las series presentadas, si bien abarcan una proporción progresivamente menor del gasto en alimentos, permiten captar la evolución global de su consumo en Uruguay durante una buena parte del siglo XX. De esta forma, se ofrece una visión complementaria sobre los niveles de vida de la sociedad, que permite comparar no solo momentos a lo largo del tiempo sino, también, entre distintos países.

La diversificación de la alimentación durante el periodo podría explicarse por diversos cambios en los factores explicativos de la demanda de alimentos: cambios en los ingresos, en los precios relativos, o en las preferencias -a raíz de la urbanización, por ejemplo. En particular, resulta de interés indagar cómo los cambios en el ingreso per cápita y en los precios relativos (por ejemplo, el encarecimiento relativo de la carne bovina) que ocurren luego del estancamiento económico y durante la década de 1960, afectaron las pautas de consumo de la población. Sobre estos diversos aspectos profundizaremos en próximas etapas de nuestra investigación. 

Click aquí para acceder al Documento de Trabajo.

Reseña de "El Negacionismo Económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología"

--Leticia Correa

Reseña de El Negacionismo Económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología[i]

Pierre Cahuc y André Zylberberg han publicado juntos un gran número de libros y artículos, la mayoría de ellos sobre Economía Laboral. El Negacionismo Económico es el primero que se traduce al español y el que más polémica ha despertado. Como el propio título lo ilustra, se trata de un manifiesto contra economistas, pero también intelectuales, medios de comunicación, empresarios, y todos aquellos que, por diversos motivos -principalmente su ideología- niegan el hecho de que la economía se ha convertido en una ciencia experimental y, como tal, tiene mucho que enseñarnos. A través de siete capítulos los autores intentan desenmascarar «falsas verdades» que diversas personalidades del ámbito público o académico afirman sin tener evidencia científica que las respalde.

La economía como ciencia experimental

Uno de los puntos del libro que ha despertado debate es la afirmación de que la economía ha alcanzado el estatus científico de las ciencias exactas. Al respecto, una reseña publicada en el sitio elconfidencial.com, denominada Hay un libro de economía que está sacudiendo Francia, y es infame[ii], señala que la tesis de Cahuc y Zylberberg «es peligrosa por varios motivos. El primero es que describen la economía como una ciencia exacta, algo que dista mucho de ser. La economía no es equiparable a la física, por razones obvias, y ponerla a la misma altura es otorgar a la disciplina una precisión de la que carece. […] En segundo lugar, no solo están igualando la economía a una ciencia exacta, sino que lo que equiparan no es la disciplina, sino una de sus versiones, la neoclásica».

Aunque entendibles en algún punto, estas críticas desvían el foco de lo que, a mi entender, los autores realmente quieren expresar: la economía ha avanzado tanto en las últimas tres décadas que se ha convertido en una ciencia experimental, que, al igual que la medicina, compara grupos experimentales a los que se aplican determinadas medidas, con grupos de control, a los que no se les han aplicado. A su vez, los resultados obtenidos en estos experimentos son publicados en revistas científicas, pero no sin antes someterse a un estricto control por parte de expertos en la materia. Entonces, la economía es una ciencia como las demás por cuanto produce conocimiento siguiendo el método científico.

La retórica negacionista y sus tres pilares

A lo largo de los capítulos, los autores van exponiendo los tres pilares en que se basa la retórica negacionista:

  1. El ethos o la condición del que habla
  2. Movilizar el pathos o señalar chivos expiatorios
  3. El logos o el arte de construir el razonamiento

Aquí destacan el intelectual comprometido y el gran empresario. Los dos primeros capítulos del libro intentan mostrar cómo estas dos figuras utilizan su «autoridad moral» para desacreditar el conocimiento científico.

En el primer capítulo, Los falsos científicos, se exponen distintas personalidades, como los «filósofos anticapitalistas» o los «economistas aterrados», como ejemplos claros de negacionismo. Todos ellos denuncian una ciencia económica ortodoxa al servicio del liberalismo, que no defiende más que lo intereses de la clase dominante y rica, por lo que, según su lógica, utilizar esa ciencia para mejorar la situación de quienes no forman parte de la clase dominante no tiene sentido. Según los autores del libro, este discurso es un perfecto ejemplo de negacionismo económico, porque ignora completamente el hecho de que una de las ramas más importantes de la ciencia económica es justamente la evaluación de los costes sociales de las políticas.

El segundo capítulo intenta mostrar que las recetas que recomiendan que, para que el sector industrial vuelva a ser el motor de crecimiento de la economía francesa, el Estado debe ser el arquitecto de una verdadera política industrial que subvencione la creación de sectores punteros, protegiéndolos de la competencia, no tienen fundamento alguno. Los que están detrás de estas recetas son los grandes patronos que alegan defender el empleo y la competitividad en beneficio de todo el país, cuando en realidad lo que quieren es preservar o aumentar su porción de mercado.

En economía, las finanzas y el Estado son dos chivos expiatorios por excelencia. Los capítulos tercero y cuarto muestran cómo la mayoría de los políticos, así como los economistas «heterodoxos» y otras figuras, infunden la idea de que las actividades de las finanzas y el Estado son perjudiciales para la población, lo cual es opuesto a lo que muestra el análisis económico.

En el capítulo Mis queridas finanzas encontramos un claro ejemplo de cómo una adecuada [des]regulación del mercado financiero tiene efectos positivos en el empleo y el crecimiento. En efecto, la reforma del sistema bancario francés en 1985 generó una redistribución de los recursos entre las mejores empresas, haciendo que las empresas más rentables crecieran más y las menos rentables empequeñecieran, y fomentando la entrada de nuevas empresas. Sin embargo, los «economistas aterrados» en su Manifiesto rechazan estas conclusiones, basados en un razonamiento que a priori no es incoherente, pero que no está basado en ningún estudio. Rechazar las conclusiones de numerosos estudios sin presentar estudios alternativos comparables en cuanto a la validación de los resultados es, dicen Cahuc y Zylberberg, otra forma de negacionismo.

Por otra parte, el cuarto capítulo del libro abre un debate sobre una temática que en Uruguay está muy presente: el sistema impositivo. «¿De verdad pagamos muchos impuestos?», «¿acaso los impuestos son tan perjudiciales para la actividad económica que justifican la existencia de nichos fiscales de todo tipo?» son las preguntas que se hacen los autores en este apartado, y la respuesta es no. Denunciar los impuestos ha sido y es una constante de los grupos de presión, que no cesan de reclamar nuevas exenciones fiscales; y si bien es cierto que las subas de impuestos tienen un efecto negativo en el crecimiento, efecto incluso nada despreciable, eso no quiere decir que los impuestos deban suprimirse.

El discurso negacionista se presenta como un razonamiento lógico, perfectamente estructurado y capaz de responder a todas las objeciones. Según Cahuc y Zylberberg, en economía este lugar fue ocupado durante mucho tiempo por el marxismo, y actualmente lo ocupan la doctrina keynesiana y la malthusiana. Éstas últimas son expuestas en el quinto y sexto capítulo del libro. Allí se muestra que las investigaciones recientes indican que estas recetas funcionan a veces, pero no siempre.

En efecto, los estudios expuestos en el capítulo cinco muestran que «el incremento del gasto público no es una panacea que funcione en todas las circunstancias. En particular, para que funcione, el tejido económico debe tener capacidad de reacción». Disfunciones del mercado financiero, laboral y de consumo, mala gestión pública, clientelismo político y corrupción son algunos de los factores que obstaculizan el éxito de las políticas keynesianas. ¿Cómo se explica entonces el apoyo incondicional a los remedios keynesianos por parte de la clase política y del conjunto de los economistas heterodoxos? La razón es sencilla dicen Cahuc y Zylberberg: los remedios keynesianos parecen indoloros y universales. No hay nada que cambiar en el funcionamiento de la economía, basta con aumentar el gasto público para que todo vaya mejor. Sin embargo, estos remedios no siempre hacen efecto.

En el capítulo Malthus y la angustia de la escasez, Cahuc y Zulberberg exponen diversos estudios basados en experimentos que han demostrado que la lógica malthusiana no se aplica en toda circunstancia y lugar. En realidad, sólo es válida cuando la agricultura desempeña un papel de primer orden. No obstante, el pensamiento malthusiano sigue siendo muy influyente, incluso dominante, a la hora de discurrir remedios para una situación de escasez, como por ejemplo la escasez de empleos. En este sentido, la idea según la cual la llegada de inmigrantes reduce el salario y las perspectivas de empleo de los residentes sigue directamente la lógica malthusiana. Ahora bien, según lo expuesto en el capítulo seis, todos los estudios sobre inmigración basados en planteamientos experimentales refutan las explicaciones y soluciones malthusianas.

Otra idea para reducir el desempleo que emparenta con la doctrina malthusiana es la de compartir el trabajo, por ejemplo, adelantando la edad de jubilación. Este adelanto conlleva un alto costo para los contribuyentes, que sólo se justifica si al mismo tiempo facilita el acceso de los jóvenes al empleo. Sin embargo, ningún estudio apoya esa idea. Quienes afirman lo contrario sin basarse en ningún análisis experimental están ejerciendo el negacionismo económico.

Reflexión final

«El negacionismo económico» es un libro que en ciento cuarenta páginas logra explicar con claridad su tesis, y lo hace utilizando sobrados ejemplos, tanto de la escena francesa como del ámbito internacional. Muchas de sus afirmaciones han generado controversia y en algunos casos rechazo absoluto. Hay quienes lo acusan de defender el neoliberalismo y de tener una postura arrogante y cerrada a nuevos enfoques. Sin embargo, si uno logra desprenderse de toda ideología puede comprender el mensaje: no se puede cambiar la sociedad sin tener en cuenta el conocimiento producido por el proceso científico, y eso va más allá de cualquier doctrina.

Independientemente del debate que pueda generar, es un libro que lleva inexorablemente al cuestionamiento y la reflexión, no sólo en lo referido a cuestiones de la ciencia económica, sino de la vida en general. Luego de leerlo, resulta muy difícil no cuestionarse cuántas afirmaciones que se hacen en los medios de comunicación están verdaderamente respaldadas por evidencia suficiente. ¿Cuántos de los políticos, periodistas o asesores que vemos, escuchamos o leemos a diario ejercen el negacionismo y muchos de nosotros ni enterados? Lo bueno es que ahora tenemos más herramientas para desenmascararlos.

Referencias

 


[i] Cahuc, P., & Zylberberg, A. (2018). El negacionismo económico: Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología. Deusto.

[ii]https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2016-09-21/libro-economia-francia-infame_1262945/

Reseña de “Complex Economics: Individual and Collective Rationality”

--Federico Caporale

Motivado por la crisis financiera global desatada hace algo más de una década y por la falla de los modelos económicos tradicionales a la hora de predecirla, Alan Kirman, con su libro Complex Economics: Individual and Collective Rationality (2010), realiza un importante aporte a la discusión sobre la forma en que los individuos son considerados en la modelización económica.

La principal crítica que el autor realiza a la teoría mainstream es su asunción de que los individuos actúan de forma aislada, interactuando entre ellos únicamente por intermedio del sistema de precios. Esto, junto a los axiomas de racionalidad impuestos sobre las preferencias de los individuos, facilita el abordaje del comportamiento a nivel agregado, ya que permite que este sea visto como la simple suma de los comportamientos individuales, o que resulte válida la adopción de un agente representativo que facilite la resolución de los modelos. Por el contrario, dado que existe evidencia que cuestiona los axiomas de racionalidad –proveniente principalmente de la economía del comportamiento-, que las capacidades de razonamiento de los individuos no son infinitas y que los agentes económicos no actúan de forma aislada, Kirman sugiere avanzar hacia una modelización que tenga como “motor central de la economía” a la interacción y la interdependencia entre los agentes, pasando a entender la economía como un sistema complejo, interactivo y adaptativo, que tenga en cuenta la importancia que tienen el contagio, la interdependencia, la interacción, las redes y la confianza que existen entre los individuos. El autor se encuentra a favor de una modelización que considere que los agentes tienen capacidades de razonamiento limitadas, por las cuales en lugar de tomar sus decisiones optimizando lo hacen de forma adaptativa, y que además actúan en un entorno limitado, recibiendo la mayoría de la información necesaria para la toma de decisiones de parte de los individuos con los que interactúan.

Una de las principales interrogantes que surge en este punto es si las propiedades deseables a nivel agregado pueden ser alcanzadas si se abandona a los individuos perfectamente racionales que actúan de forma aislada y se pasa a considerar a agentes racionalmente limitados que interactúan entre sí. Ante esta interrogante, Kirman responde afirmativamente, y muestra, mediante varios ejemplos reales, cómo la agregación de individuos que presentan reglas de comportamiento simples y diferentes entre sí puede derivar en un comportamiento agregado sofisticado.

El primer ejemplo que plantea Kirman son los mercados de pescado de Marsella (Francia) y Ancona (Italia). En el primero, las transacciones ocurren en pareja y los precios no son publicados, mientras que el segundo se organiza en base a subastas, sin interacción personal entre compradores y vendedores. En ambos, Kirman encuentra que no existe una relación clara entre precios y cantidades transadas a nivel individual. Sin embargo, a pesar de que los mercados se organizan de forma totalmente diferente, algún tipo de coordinación emerge, encontrándose en ambos una relación agregada negativa entre precio y cantidad, propiedad estándar esperada para una función de demanda. Esta propiedad agregada emerge de la interacción entre los individuos, y no del comportamiento a nivel individual.

El siguiente ejemplo se centra en las dificultades que presenta la teoría económica para explicar los grandes puntos de inflexión que presentan las series financieras. Según argumenta, estas dificultades se deben a que, al no incluir la comunicación, interacción y comercio que existe entre los individuos, la teoría estándar explica los cambios de tendencia como consecuencia de un cambio real, una modificación en los fundamentos de la economía que alteró la senda de equilibrio. En cambio, un modelo que tenga en cuenta la interrelación existente entre los individuos tendría mayor facilidad para explicar estos cambios abruptos en el sector financiero, puesto que los interpretaría como reflejos de un proceso endógeno y no como consecuencia de un shock exógeno que cambió repentinamente los fundamentos económicos.

El tercer ejemplo considerado por Kirman es un caso de provisión de bienes públicos. Si bien en la aproximación tradicional, la teoría de juegos, los individuos reconocen que el comportamiento de los demás tiene consecuencias sobre el resultado propio, se señala como problemático el hecho de que los jugadores siguen reglas nada simples al interactuar, como la de “conocimiento común”: la lógica infinita de que un individuo sabe que el otro es racional, sabe que el otro sabe que él también lo es, y así sucesivamente. Así, Kirman impulsa nuevamente la idea de que la coordinación es un fenómeno que emerge de la interacción entre los individuos, en lugar de surgir de su sofisticado poder de razonamiento. En el juego repetido una cantidad finita de veces que se presenta, el equilibrio de Nash no es único, aunque todos ellos requieren de idéntica suma total de contribuciones. El resultado al que se arriba se encuentra alineado a su idea de coordinación como fenómeno emergente, ya que, si bien a medida que aumenta el número de repeticiones del juego se tiende hacia el equilibrio de Nash a nivel agregado, esto no sucede ni a nivel individual ni a nivel de subgrupos. Nuevamente, el resultado encontrado señala que observar un comportamiento agregado “adecuado” no permite concluir que los mismos fueron originados por comportamientos similares a nivel individual.

Finalmente, el último ejemplo planteado es un modelo de segregación residencial. Mediante el mismo, también se halla que lo que ocurre a nivel macroeconómico puede no reflejar lo que sucede a nivel individual. En este caso, el autor encuentra que preferencias individuales muy leves por tener vecinos de igual etnia pueden derivar en segregación total a nivel agregado, es decir, la interacción entre los individuos deriva en un resultado agregado no intencional.

Los cuatro ejemplos presentados por Kirman muestran resultados agregados complejos que difícilmente podrían ser interpretados mediante modelos que ignorasen las redes existentes entre los individuos, como lo son aquellos que consideran un agente representativo. A pesar de que actualmente este tipo de modelización se encuentra bastante extendido, Hands (2016) explica que esto no fue históricamente así, sino que rara vez se modelaba de esta forma. Dicho autor cita a Arrow (1986), quien argumenta que la consideración de un agente representativo es extremadamente peligrosa, ya que rechaza una asunción fundamental de la economía como las ganancias del comercio consecuencia de las diferencias individuales, además de ignorar aspectos importantes como la distribución del ingreso.

Para finalizar, quisiera destacar algunos aspectos señalados por Kirman en Complex Economics que considero relevantes. Como afirma el autor en varios pasajes del libro, los temas abordados no son nuevos; la importancia de la interacción entre los agentes ha sido tenida en cuenta tanto en economía como en otras ramas de conocimiento. A pesar de esto, señala que no es algo aceptado ampliamente en economía, y que el desarrollo de modelos que incorporen dichos aspectos no es sencillo, tanto porque hasta el momento no existe un paradigma que pueda rivalizar con el actual en términos de completitud y elegancia, como por un componente de inercia asociado al conocimiento sobre el desarrollo y resolución de los modelos actuales, así como el intento de preservar un sistema de formalismos matemáticos intensamente desarrollado. Esto no quita, sin embargo, que los temas abordados en el libro no sean de relevancia, siendo probable que puedan llegar a influir de fuerte manera sobre la modelización económica en un futuro.

 

La versión completa de la reseña puede descargarse aquí.

Referencias:

Hands, D.W (2016). Conundrums of the Representative Agent, mimeo, Department of Economics, University of Puget Sound.

Kirman, A. (2010). Complex Economics: Individual and Collective Rationality. The Graz Schumpeter Lectures. Disponible en: http://www.vcharite.univ-mrs.fr/~nobi/book.pdf

La evolución reciente de la desigualdad en Uruguay entre 2009 y 2016: distribución del ingreso y patrones de movilidad

--Gabriel Burdín, Mauricio De Rosa, Andrea Vigorito y Joan Vilá

 

 

La evolución reciente de la desigualdad en Uruguay entre 2009 y 2016: distribución del ingreso y patrones de movilidad[1]

 

A diferencia de las restantes regiones del mundo, muchos estudios muestran que en los primeros quince años de este siglo, la mayoría de los países latinoamericanos experimentaron reducciones sustanciales en la pobreza monetaria y en la desigualdad de ingresos personales. Esta disminución fue muy rápida en 2000-2010, continuó a un ritmo más lento en los cinco años siguientes y, en la mayoría de los casos, llegó a su fin alrededor de 2015 (Gasparini et al., 2018). Sin embargo, pese a las mejoras recientes, la concentración de ingresos en América Latina sigue siendo muy alta en comparación con la mayoría de las regiones del mundo. Así, la interacción entre el crecimiento económico y la redistribución, así como las rutas y las políticas públicas necesarias para promover una menor desigualdad y sostener los logros actuales constituyen un debate público y académico abierto.

La mayor parte de las investigaciones sobre las tendencias recientes de desigualdad en América Latina se ha basado en información de encuestas de hogares. Al igual que en el resto del mundo, estos datos permiten realizar estimaciones precisas de los ingresos de los estratos de bajos, medios y medio-altos, pero presentan una cobertura insuficiente de la parte superior de la distribución, debido a problemas de subdeclaración y subcaptación, particularmente en el caso de las rentas provenientes del capital.

En este sentido, los resultados de las investigaciones sobre los grupos de altos ingresos, basadas en declaraciones de impuestos, han revitalizado la discusión sobre la validez de los datos de encuestas para proporcionar estimaciones precisas de la desigualdad (Alvaredo et al., 2013). Las estimaciones basadas en registros tributarios sobre la participación de los cuantiles altos (1% superior y sectores aún más pequeños) en la renta personal para Argentina, Brasil, Chile y Colombia plantean dudas sobre la magnitud de la reciente reducción de la desigualdad. En algunos casos, también llegan a cuestionarse las tendencias (Alvaredo y Londoño, 2014; Morgan, 2017). Estos hallazgos sugieren que las conclusiones pueden ser muy sensibles a la fuente de datos, la medida de desigualdad utilizada, la unidad de análisis y la definición de ingresos considerados. Si bien podría parecer un aspecto menor, esta discusión tiene consecuencias fuertes para las valoraciones del potencial carácter igualador del crecimiento económico reciente y las políticas redistributivas implementadas.

Para contribuir a este debate, en este trabajo se analiza la evolución de la desigualdad entre los perceptores de ingresos primarios en Uruguay para 2009-2016.[2] Basándonos en la metodología propuesta por Atkinson (2007), estimamos la participación de los perceptores de ingresos altos e índices de desigualdad sintéticos (Gini y Theil) a partir de datos fiscales y encuestas de hogares armonizadas. Al mismo tiempo, para explorar el alcance y la profundidad de la redistribución, exploramos la persistencia de las personas en las distintas posiciones a lo largo de la distribución del ingreso, particularmente enfocándonos en los sectores de altos ingresos.

El estudio se basó en microdatos provenientes de registros administrativos de los impuestos a la renta (IRPF y IASS) desidentificados, proporcionados por la Dirección General Impositiva (DGI) para 2009-2016. La información incluye al universo de los trabajadores formales y jubilados (aun cuando sus ingresos se ubiquen por debajo del mínimo no imponible del IRPF e IASS) y a quienes perciben ingresos, cubriendo así alrededor del 75% de la población adulta de 20 años o más. Ésta fue complementada con datos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) para incorporar a la población adulta con ingresos informales o sin ingresos, de modo de dar cuenta del total de la población de 20 o más años.

Nuestros hallazgos sugieren que, entre 2009 y 2016, los índices de Gini y Theil se redujeron, con independencia de la bases informacionales consideradas (Figura 1). La caída de la desigualdad se verificó entre 2009 y 2013 y posteriormente permaneció incambiada. Estos resultados se mantienen antes y después de impuestos, con una caída más leve en los registros de impuestos que en las encuestas de hogares armonizadas.[3] Sin embargo, los patrones de reducción fueron diferentes en cada caso: mientras que en los registros tributarios cayeron dentro del 99 % inferior, compensando el aumento de la concentración en la parte superior, las estimaciones basadas en las ECH indican que la mayor reducción de la desigualdad ocurrió en el tramo superior de la distribución. Esta divergencia se traduce, también, en las tendencias en la apropiación de ingresos del 1% superior. Mientras que en las encuestas de hogares armonizadas se observa una marcada reducción a lo largo del período (de 11,5 a 8,4%), las estimaciones basadas en registros impositivos se mantuvieron estables alrededor del 15% en 2009-2014 y las estimaciones puntuales crecieron después, aun cuando el aumento no resultó estadísticamente significativo. Esto sugiere que las ECH podrían lograr una mejor cobertura de los estratos altos con un muestreo complementario con datos administrativos de los sectores altos, tal como se realiza en otros países.

 

Figura 1. Evolución de la desigualdad en Uruguay según indicador y fuente de datos

Grafico top incomes

Fuente: elaborado en base a las ECH del INE, Proyecciones de población y registros tributarios desidentificados de DGI.

Nota: Los detalles de estas estimaciones pueden consultarse en Burdín et al. (2019). En el panel a) se grafica el índice de Gini con datos de ECH y DGI. La línea más larga (ECH ingreso hogar) corresponde al ingreso per cápita de los hogares, habitualmente utilizado para realizar mediciones de desigualdad. Las restantes líneas analizan exclusivamente personas de 20 años y más en base a ECH y a datos de DGI.

El análisis de los patrones de movilidad en la distribución del ingreso indica una fuerte estabilidad en las posiciones de partida, ubicada en el entorno del 60%. Se observa una movilidad levemente mayor en el período de caída de la desigualdad. A la vez, las posiciones en el 1% superior alcanzaron tasas de persistencia promedio cercanas a 80%. Estos resultados son similares a las estimaciones obtenidas por otros estudios para el caso de Alemania. Por último, en base a la comparación de índices sintéticos anuales y agregados para todo el período, se concluyó que, en el lapso considerado, la movilidad de ingresos tuvo un efecto muy moderado sobre la desigualdad.

 

Click aquí para acceder al Documento de Trabajo.

Créditos de imagen de portada: Golfodemar

Referencias bibliográficas

Alvaredo, F., Atkinson, A. B., Piketty, T., and Saez, E. (2013). The top 1 percent in international and historical perspective. Journal of Economic Perspectives, 27(3):3–20

Alvaredo, F. and Londoño Velez, J. (2014). High income and income tax in Colombia, 1993-2010. Revista de Economía Institucional, 16(31):157–194.

Atkinson, A. B. (2007). Measuring top incomes: methodological issues. Top incomes over the twentieth century: A contrast between continental European and English-speaking countries, 1:18–42.

Gasparini, L., Bracco, J., Galeano, L., and Pistorio, M. (2018). Desigualdad en países en desarrollo: ¿ajustando las expectativas? Documentos de Trabajo del CEDLAS.

Morgan, M. (2017). Extreme and persistent inequality: New evidence for Brazil combining national accounts, surveys and fiscal data, 2001-2015. World Inequality Database (WID. org) Working Paper Series, 12:1–50.

 


[1] Esta entrada reseña las principales conclusiones de un trabajo más extenso publicado en la serie de documentos de trabajo del Instituto de Economía (Was falling inequality in all Latin American countries a data-driven illusion? Income distribution and mobility patterns in Uruguay 2009-2016. Serie de Documentos de Trabajo IECON 30/19.) 

[2] Este concepto de ingreso comprende remuneraciones al trabajo, capital y jubilaciones. A diferencia de los estudios realizados con encuestas de hogares, se trabaja con personas y no con hogares, debido a que no es posible reconstruir éstos últimos en base a la información tributaria utilizada.

[3] La ECH se armonizó de modo de considerar población e ingresos comparables entre ambas fuentes.

Aportes y análisis en tiempos de coronavirus

--Departamento de Economía

 

 

Serie de comunicaciones del Instituto de Economía: "Aportes y análisis en tiempos de coronavirus"  

 

El objetivo de esta serie de contribuciones al blog del Departamento de Economía es promover la discusión pública sobre el análisis de la situación económica del país y de las políticas necesarias para mitigar el impacto económico y social de la expansión del Coronavirus COVID-19 en Uruguay, sumándose, así, a otras iniciativas.

En todos los escenarios posibles, la caída de la actividad económica es un hecho y la forma de mitigar su impacto sobre los sectores más vulnerables de la sociedad debería guiar el diseño de las políticas que se adopten en los próximos días.

 

Pueden encontrar aquí los distintos artículos de la serie:

 

- 06/08/2020: Coyuntura económica uruguaya en épocas de pandemia.

  Autora: Gabriela Mordecki

- 06/05/2020: COVID y disparidades de género en cuidados en la primera infancia.

  Autores: Luciana Méndez y Guillermo Sánchez

- 02/05/2020: Estimación del efecto de corto plazo de la covid-19 en la pobreza en Uruguay.

  Autores: Matías Brum y Mauricio De Rosa

- 23/04/2020: Efectos económicos de las pandemias: una mirada de largo plazo.

  Autores: Pablo Marmissolle y Carolina Romero

- 20/04/2020: Los seguros de desempleo ante un mercado laboral en terapia intensiva. Insumos para enfrentar la pandemia.

  Autores: Hugo Bai, Paula Carrasco, Andrés Dean e Ivone Perazzo

- 17/04/2020: Cada uno en su lugar. ¿Y después qué?

  Autores: Martín Leites, Ivone Perazzo y Agustín Reyes

- 07/04/2020: Coronavirus en Uruguay: medidas económicas a la talla y el aplanamiento coordinado de las curvas.

  Autores: Bibiana Lanzilotta, Gabriel Merlo y Gabriela Mordecki

- 06/04/2020: Solidaridad, innovación y audacia. Tres elementos claves para vencer la crisis económica por el coronavirus.

  Autor: Adrián Rodríguez Miranda

- 03/04/2020: La educación en tiempos de pandemia. Y el día después.

  Autoras: Elisa Failache, Noemí Katzkowicz y Alina Machado

- 03/04/2020: El Proyecto de Impuesto Emergencia Sanitaria COVID-19 y la distribución del ingreso: elementos para el debate.

  Autores: Mauricio De Rosa, Andrea Vigorito y Joan Vilá

- 23/03/2020: Las políticas económicas y sociales frente a la expansión de la pandemia de COVID-19: aportes para el debate. 

  Autores: Mauricio De Rosa, Bibiana Lanzilotta, Ivone Perazzo y Andrea Vigorito

La economía es demasiado importante para dejarla en manos de los economistas. Reseña de "Economics: The User's Guide"

--Joaquín Toledo

La economía es demasiado importante para dejarla en manos de los economistas[1]

Con esta frase comienza un libro que se describe a sí mismo como un manual de economía (Economics: the user’s guide, es su título en inglés) para los tiempos que corren. Sin embargo, este escrito puede ser leído como una herramienta para pensar la disciplina económica y cuestionar las formas de hacer economía. Un libro que desde los pasillos de la academia desnuda el poder de los economistas y apunta contra el abuso de ese poder, su posición social, así como el papel determinante que adquirió la economía como disciplina inserta en el sistema capitalista.

Desde su posición como reconocido docente en la Universidad de Cambridge y autodefinido como defensor desencantado del capitalismo, Ha-joon Chang pretende desmontar y cuestionar varios mitos y supuestos en torno a la disciplina económica. En las siguientes líneas me concentraré en dos ideas fundamentales propuestas en el libro. En primer lugar, Chang reivindica el espacio clave de la historia para entender los procesos económicos y sociales, y apunta contra cierta forma de hacer economía donde ésta se revela como una disciplina atemporal y sin contexto. En segundo lugar, el autor hace un llamado a desmonopolizar la disciplina, reconocer las múltiples formas de hacer economía e incluso promoverlas. La economía neoclásica, que hoy ocupa el espacio central, no es necesariamente sinónimo de economía y es importante reconocerlo para dejar espacio al desarrollo de otras escuelas.

Leo, luego existo

Uno de los elementos a destacar del autor es el lugar privilegiado que le otorga al estudio de la historia económica para entender los fenómenos actuales, a la vez que denuncia que la mayor parte de los economistas desestiman esta materia. Su punto, sencillo y efectivo, es que estudiar la historia salva vidas. Los experimentos de desarrollo económico se han tomado millones de vidas, desde el desarrollismo soviético hasta las políticas de austeridad del capitalismo. Los economistas y quienes dictan las políticas económicas deben tener el mandato ético de no arriesgar millones de vidas por no haber prestado suficiente atención a la historia económica.

Otra de las razones que se esgrime es que los procesos históricos son puestos como ejemplos para argumentar posturas políticas, tal es el caso de quienes quieren imponer el libre mercado señalando que Gran Bretaña y Estados Unidos fueron exitosos gracias a ello. Sin embargo, Chang desarma completamente ese argumento mostrando que incluso en la edad dorada del capitalismo, la “receta” de los países desarrollados fue un fuerte proteccionismo acompañado de una agresiva política industrial.

Chang cree que interpretando la historia es posible cuestionar varias sentencias que el capitalismo y el neoliberalismo dan como ciertas, principalmente recetas para los países en desarrollo. A pesar de que los países desarrollados nos dicen que los impuestos y el Estado son males de nuestros tiempos, el período de mayor crecimiento de la historia se hizo en un marco de altas tasas impositivas y un papel decisivo del Estado en la economía. El derrotero de ejemplos continúa hasta llegar a una de las mayores paradojas del neoliberalismo. Ronald Reagan, ex-Presidente de Estados Unidos en los años ochenta, fue el mayor exponente de la conocida teoría del derrame que se basa en dos postulados elementales: a los ricos se les sacan impuestos para que trabajen más, generen riqueza y, por transitiva, esta riqueza “derramará” en forma de mayor consumo y puestos de trabajo para los pobres. A los pobres se les recortan los subsidios y se reduce el salario mínimo para incentivar el esfuerzo. Pero Chang se pregunta, no sólo a propósito de la revisión histórica, “¿por qué hay que enriquecer todavía más a los ricos para que trabajen más arduamente y empobrecer aún más a los pobres con el mismo propósito?”.

Por otra parte, resulta fundamental revisar la historia para entender quiénes han sido los ganadores y perdedores, y cómo los ganadores han impuesto su visión sobre el mundo. Tal es el caso del resultado de la caída del muro de Berlín, el final de la guerra fría y la expansión sin límites (aparentes al menos) del capitalismo en su peor versión: el neoliberalismo. En el terreno de la geopolítica este hecho fue tan aplastante que incluso pensadores modernos como Francis Fukuyama se animaron a anunciar que había llegado “el fin de la historia”, refiriéndose al triunfo del libre mercado y que “por fin habíamos logrado identificar, sin temor a equivocarnos, el mejor sistema económico: el capitalismo”. Lastimosamente para quienes promulgaron estos postulados, luego de un período de expansión y relativa estabilidad del neoliberalismo, los años 2000 fueron devastadores para el capitalismo global. Después de la brutal crisis del 2008, Chang afirma que volvieron las mismas ideas ortodoxas de austeridad, y que esta vez lo hacen “con sed de venganza”.

Que cien flores florezcan[2]

De diversas formas, todos los argumentos se van dirigiendo a la tesis sobre la heterodoxia: no hay una sola forma de hacer economía. El punto es que más allá de dónde te ubiques y a partir de qué fundamentos hagas economía, es importante saber que no hay una única manera y nadie puede declarar tener el “monopolio de la verdad”. La escuela neoclásica desdibujó estos límites e impuso la “ideología única” negando los aspectos normativos en su manera de hacer economía.

Chang realiza un esclarecedor repaso de las distintas escuelas y nos introduce con una advertencia: “probar nueve sabores diferentes de helado cuando uno pensaba que solo existía el de vainilla puede resultar un tanto abrumador” y que “cualquier disciplina que estudie a los seres humanos, incluida la economía, debe ser humilde respecto a sus poderes predictivos”.

El autor insiste sobre la idea de que ninguna de las escuelas se puede apropiar de la verdad, que todas las teorías tienen luces y sombras, pero que los desafíos actuales vuelven más vigente la necesidad de promover la “fertilidad cruzada de escuelas”, en el entendido que lo más responsable que podemos hacer es no querer aplicar un molde en cualquier situación, sino aprovechar años y años de creación intelectual para enriquecer la forma de ver el mundo.

Recapitulando

Chang se sitúa en un momento y un lugar. Entiende que la economía debe ser utilizada como una herramienta de cambio en un escenario de disputa política profunda. Para dar esta disputa, así como para ser responsables con el presente y el futuro, la historia es de lectura obligatoria. En el mismo sentido, para abrir posibilidades de entender mejor los problemas del mundo se requiere una sólida dosis de heterodoxia, rechazar las pretensiones de verdades reveladas que implican que una sola manera de mirar las cosas sirve para todas las situaciones e impulsar cierta fertilidad cruzada de ideas.

En definitiva, en este libro Chang describe y analiza conceptos de la economía entre referencias literarias e históricas, siempre encuentra un lugar incómodo donde, a través del humor, marcar sus diferencias políticas con decisiones y personajes de la historia. Estos elementos vuelven a este libro un medio de difusión poderoso, un manual de historia económica y principalmente un mensaje optimista donde un mundo más justo es posible, necesario y urgente.

 


[1] Esta entrada al Blog es una adaptación de una reseña realizada en 2019 para el curso de Maestría en Economía (FCEA-UdelaR) “Objeto y Método de la Economía”

[2] Frase acuñada por Mao Zedong pero comúnmente utilizada como referencia a la proliferación científica y de ideas.

Investigación. Cambio estructural en una pequeña economía intensiva en recursos naturales: entre la diversificación y la re-primarización

-- Carolina Román - Henry Willebald

 

Título original: "Structural change in a small natural resource intensive economy. Switching between diversification and re-primarization"

 

¿Por qué es relevante el tema?

El creciente interés en la diversificación productiva, la sofisticación tecnológica y la especialización sitúan, nuevamente, al cambio estructural en el centro del análisis de la teoría del desarrollo económico.

Desde la teoría económica más clásica (Smith, Ricardo, Marx), pasando por Schumpeter, y llegando a los pioneros del desarrollo (Nurkse, Lewis, Myrdal, Hirshman, Rostow, Rosenstein-Rodan, Gershenkron) y los autores estructuralistas (Prebisch, Fajnzylber) han puesto especial énfasis en situar al cambio estructural como un proceso fundamental del crecimiento económico de las sociedades.

Se entiende el cambio estructural como un proceso de diversificación de la estructura productiva hacia sectores con mayor productividad, con más densos encadenamientos hacia atrás y hacia delante y con superior capacidad de generar externalidades y derrames tecnológicos hacia el resto de la economía. En sí, el cambio estructural se trata de un proceso complejo, en donde diferentes factores interactúan y las transformaciones pueden tomar direcciones diferentes en distintas etapas históricas.

En Uruguay, diversos estudios señalan que la acotada diversificación y sofisticación de la estructura productiva del país –junto con una baja adopción de tecnología– constituye uno de los principales factores que ha restringido la posibilidad de alcanzar una senda de crecimiento económico sostenida. En general, estos antecedentes discuten sobre las condiciones y el tipo de cambio estructural que es necesario promover; qué sectores habría que impulsar para alcanzar y cuáles deberían ser las medidas de política económica a instrumentar. Sin embargo, los esfuerzos por aportar mediciones empíricas del cambio estructural en el largo plazo siguen siendo escasos en la literatura sobre el tema e inexistente para el caso uruguayo.

¿Cuál es el objetivo del trabajo?

El objetivo de este trabajo es aportar un indicador que permita medir el cambio estructural en el largo plazo en Uruguay y analizar la relación entre la evolución del cambio estructural –sus progresos y retrocesos– y el crecimiento económico.

Datos e indicadores utilizados

La estrategia empírica propone construir un indicador sintético, basado en concepto trigonométricos, a partir de la propuesta de Vikström (2001) and Lindmark & Vikström (2003). Este indicador se construye utilizando información del valor agregado bruto de 13 sectores productivos de Uruguay entre 1870 y 2017. En el trabajo, hacemos un importante esfuerzo de homogenización de estimaciones, actuales e históricas, de las cuentas nacionales; y de elaboración nuevas de series para actividades que no estaban medidas previamente.

A partir del indicador sintético de cambio estructural, analizamos su evolución en el largo plazo; la existencia o no de causalidad entre cambio estructural y crecimiento; la dirección de esta relación; y exploramos la relación entre cambio estructural y los episodios de crisis económica por los que atravesó Uruguay desde fines del siglo XIX hasta la actualidad.

Principales resultados

Los resultados son consistentes con los modelos de desarrollo que caracterizan la historia económica del país. A partir del análisis de causalidad, encontramos que, en el largo plazo, el crecimiento económico causa al cambio estructural. Cuando analizamos la causalidad por sub-periodos, solo durante la Primera Globalización se observa el resultado opuesto. Además, se encuentra que el indicador de cambio estructural desciende –lo que sería reflejo de cambios “hacia atrás” en la estructura productiva– en periodos de crisis económica y reversión en el ciclo económico. Esta dinámica refleja la existencia de una asociación entre periodos de declive económico con una relativa primarización de la economía. En otras palabras, en periodos de crisis económica, la economía reaccionaría con un cambio estructural hacia la producción primaria debido, probablemente, a la búsqueda de ventajas comparativas tradicionales o porque frente a una coyuntura negativa los sectores más afectados resultan ser los más alejados de la especialización primaria.

 

Click aquí para acceder al Documento de Trabajo

Instituto de Economía: 70 años de contribución a la disciplina

--Departamento de Economía

 

En 2019, conmemoramos el 70 aniversario del Instituto de Economía (IECON), cuyas celebraciones han tenido lugar a lo largo del segundo semestre del año. En este marco, se desarrolló una variada agenda de actividades que tuvo como principal objetivo alentar el debate sobre la investigación y enseñanza en economía, así como su articulación con las demás ciencias sociales, con los hacedores de políticas públicas y con la sociedad civil.

El Instituto de Economía es un centro pionero de las ciencias sociales en Uruguay, con una larga trayectoria en la investigación y la formación en el campo de la economía. Dio sus primeros pasos en la década de los cuarenta y hoy constituye un sitio de referencia en el país y en la región que mira al futuro con optimismo y confianza. La misión del IECON es generar conocimiento mediante un trabajo de investigación de alta calidad, donde tengan cabida diversos enfoques metodológicos y distintas vertientes de pensamiento económico, tanto para participar de los debates más extendidos de la disciplina como para ofrecer respuestas en nuestra vinculación con la sociedad y el medio. La formación permanente de docentes, investigadoras e investigadores y la realización de enseñanza de grado y posgrado en economía son los pilares fundamentales de esta misión.

Desde el mes de junio ha tenido lugar una serie de actividades que han buscado promover la participación y el involucramiento de estudiantes, docentes e integrantes de la comunidad académica y de la sociedad civil, por lo que la invitación a participar ha sido abierta a todo público.

El lanzamiento de actividades se hizo el 3 de junio con una conferencia inaugural a cargo del Prof. Facundo Alvaredo (Paris School of Economics). Alvaredo es un investigador de referencia a nivel mundial en temas distributivos, cuyo trabajo se ha centrado especialmente en la distribución del ingreso y la riqueza y la gravitación de los sectores muy altos; tiene también un marcado interés por la historia económica y el desarrollo de los procesos económicos de largo plazo.

Las actividades continuaron en agosto con un ciclo de talleres con la participación de docentes, investigadores y estudiantes con el objetivo de contribuir al debate y la reflexión sobre cómo y qué se investiga en economía en Uruguay, las agendas de investigación y los principales desafíos. Concretamente, en agosto se realizó un taller de reflexión y debate sobre la perspectiva de los investigadores en formación sobre la construcción de la agenda de investigación en economía. El taller buscó fomentar la discusión y el debate en aquellos puntos centrales en el desempeño laboral de los investigadores en formación: qué se investiga, para qué y para quién.

En los meses de setiembre y octubre las actividades se centraron en la divulgación y relacionamiento con el medio, organizándose el debate, en el que se presentaron las propuestas de política económica de los partidos políticos para el próximo período de gobierno. En este debate participaron Azucena Arbeleche, por el Partido Nacional; Luis Freda, por Unidad Popular; Fernando Isabella, por el Frente Amplio; Marcel Vaillant, por el Partido Independiente; y Ana Inés Zerbino, por el Partido Colorado. La moderación estuvo a cargo de Romina Andrioli. La actividad fue coorganizada en conjunto por el IECON, la Fundación Konrad Adenauer Stiftung y la Sociedad de Economistas del Uruguay.

El sábado 5 de octubre, en el marco del fin de semana del patrimonio, se realizó la primera muestra Economía al parque: Jornadas de Divulgación, en la que se expusieron las actividades de los grupos de investigación del Instituto y se realizaron charlas de divulgación sobre las desigualdades de género (Paola Azar), oportunidades y desafíos de la migración para la economía nacional (Matías Brum) y los mitos de la economía uruguaya a lo largo de su historia (Sabrina Siniscalchi). El objetivo de las muestra fue comunicar de forma accesible, amigable y a la vez rigurosa el conocimiento académico, generando espacios para el intercambio entre público e investigadores.

En el marco de las IX Jornadas Académicas de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración se organizaron dos mesas de debate. En primer lugar, se desarrolló la mesa de debate sobre los “50 años de la publicación de El Proceso Económico del Uruguay”. La publicación de El Proceso por parte del Instituto de Economía en 1969 fue un hito en la producción académica nacional, teniendo un alto impacto político y social. Volver a debatir sobre su consecución, su marco histórico y sus implicancias, es reconocer su contribución a la formación del pensamiento económico nacional y valorar sus contribuciones de largo plazo. En segundo lugar, se organizó la mesa titulada “Incertidumbre económica e incertidumbre electoral: Uruguay 2019”, en la cual participaron el politólogo Daniel Chasqueti y el economista Gabriel Oddone, moderando la charla la Prof. Gabriela Mordecki, directora del IECON. Se trató de una instancia de opinión e intercambio que, de cada a las elecciones de octubre de 2019, resultó entretenida, interesante y muy formativa.

Entre octubre y diciembre, las actividades en conmemoración de los 70 años se centraron en la realización de las siguientes conferencias y mesas de debate:

  • Profa. Mariana Marchionni (Universidad Nacional de La Plata): ponencia acerca de la Economía de Género y la agenda académica en torno a este tema en la región.
  • Prof. Juan Camilo Cárdenas (Universidad de los Andes): Seminario IECON Trust, networks and collective efficacy in conflict settings; conferencia La enseñanza en economía.
  • Prof. John B. Davis (Marquette University y Amsterdam School of Economics): conferencia El imperialismo de la economía; seminario IECON Economics’ Socially Embedded Individual.

Las actividades finalizaron el pasado miércoles 18 de diciembre con el evento Cierre de actividades IECON 70 años,conferencia magistral del Cr. Iglesias, en el que se presentaron, públicamente, algunos de los productos llevados adelante durante el periodo de la conmemoración. En el evento se mostró el rol que, históricamente, ha tenido el Instituto de Economía en la disciplina y en la sociedad uruguaya. Se presentó el documental 70 años del Instituto de Economía. Una memoria colectiva, que presenta un registro fílmico con entrevistas a investigadores que han pasado por el IECON e interesados en dejar su testimonio, así como también a investigadores en actividad, tanto jóvenes como de larga trayectoria. Luego del estreno del documental, Vania Markarian, del Área de Investigación Histórica del Archivo General de la UdelaR, presentó los avances del libro en conmemoración del aniversario. El evento finalizó con una conferencia a cargo del Cr. Enrique Iglesias, quien disertó sobre La investigación en Economía en Uruguay: evolución, presente y futuro.

La agenda de actividades buscó contribuir a la difusión del trabajo realizado por el IECON a lo largo de su historia y a la reflexión sobre el rol que el IECON ha tenido en la creación de conocimiento y en su contribución al desarrollo del país. Esta celebración ha constituido una excelente oportunidad para visibilizar al IECON, para indagar en su pasado y dar soporte a la construcción de futuros. Y ha mostrado a cabalidad la integralidad de las funciones universitarias que sus docentes llevan adelante, comprometidos con la Universidad y con la sociedad en su conjunto.

Fue con esa lógica que se proyectaron instancias de carácter académico, invitando a profesores extranjeros de muy alto prestigio, organizando conferencias y creando espacios para discutir cómo se generan las agendas de investigación en Economía. También se dio mucho espacio a la función enseñanza, creando ámbitos donde discutir cómo se enseña Economía a nuestros estudiantes, cómo se manejan a zorros y erizos y de qué modo las innovaciones en las prácticas docentes son el futuro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Y, finalmente, se procuró tener presencia en el territorio, en el barrio, y sus docentes se lanzaron a organizar una jornada de puertas abiertas para relacionarse con el medio, interactuar con el entorno y transmitir, con juegos, lenguaje claro y cercanías, lo que hacen a diario en sus espacios de confort.

Ha sido un período de mucha satisfacción por haber reconstruido, colectivamente, la memoria del IECON, por haber mejorado el presente y animarse a cimentar el futuro. Sirva esta entrada al Blog del Departamento como agradecimiento a todos los que han colaborado en esta celebración y el más caluroso saludo por el esfuerzo, dedicación y empeño. 

Reseña de “Escasez. ¿Por qué tener poco significa tanto?”

--Cecilia Rodríguez

¿Por qué usamos menos pasta de dientes cuando el tubo está por vaciarse o de repente nos volvemos increíblemente productivos horas antes de una fecha límite? El economista Sendhil Mullainathan y el psicólogo Eldar Shafir buscan en este libro dar respuesta a esa y muchas otras preguntas que giran en torno al comportamiento humano en presencia de escasez. Ya sea de tiempo, dinero o cualquier otro factor crucial para el individuo, la escasez tiene efectos psicológicos que alteran la percepción, el control ejecutivo y las habilidades cognitivas de las personas, haciendo que se concentren casi obsesivamente en aquello que escasea, y descuidando todo lo que cae por fuera de esta preocupación. Esta es la premisa central que postulan los autores en lo que vendría a representar una teoría unificada de la escasez.

La escasez es un concepto clave para la ciencia económica. Es el disparador de cualquier problema y parte constitutiva del objeto de la disciplina, como su definición canónica determina: la economía es “la ciencia que estudia el comportamiento humano como una relación entre fines y medios escasos que tienen usos alternativos” (Robbins, 1932). La escasez es para la economía un punto de partida, que representa una realidad física o material dada, a partir de la que los individuos realizan un cálculo deliberado y sistemático para obtener el máximo provecho de los medios escasos. Este libro viene a patear el tablero en cuanto a estos supuestos. Para los autores, la escasez afecta las habilidades cognitivas de los individuos, nada más y nada menos que haciendo a las personas menos inteligentes, más proclives a los impulsos y orientándolas hacia el presente. De esta forma, la escasez se transforma de mera situación de partida para ser ante todo, un estado mental.

La escasez captura furtivamente nuestra atención: aquello que nos hace falta se adueña de nuestros cerebros. Este fenómeno es presentado por los autores como bendición y maldición a la vez. A la externalidad positiva de esta captura de la atención la llaman el “dividendo del enfoque”, haciendo referencia a esos aumentos en productividad de los que gozamos al estar concentrados en una única tarea. Por otro lado, la contracara de esta concentración es el “gravamen de la visión de túnel”: todo aquello que dejamos de considerar por estar demasiado concentrados. Enfocarnos en lo que escasea hace que descuidemos todo aquello que queda por fuera de nuestra preocupación central.

Pero la escasez no sólo tiene efecto sobre nuestras percepciones y actitudes, también impacta sobre las habilidades cognitivas. Los autores utilizan una metáfora muy gráfica para explicar el efecto sobre nuestra inteligencia fluida: bajo escasez, pedirle al cerebro que resuelva problemas es como pedírselo a una computadora en la que corren muchos programas a la vez. La mente pierde agilidad y capacidad computacional, así como capacidad de manejo de la información. Algo muy similar sucede con el efecto de la escasez sobre el control ejecutivo. Frente a escenarios de escasez, la visión de túnel dificulta enormemente el autocontrol. Es mucho menos probable que una mente capturada por la escasez pueda controlar sus impulsos sobre la dieta, sus modales y otro tipo de actividades que requieren de autorregulación.

El mensaje más desalentador, en cuanto a los hallazgos de los autores, es que la escasez tiene una gran capacidad para perpetuarse. No es que las personas no tengan las habilidades para darse cuenta que las ofertas de las casas de crédito no son convenientes, sino que la visión de túnel provocada por la escasez hace que estas soluciones cortoplacistas se vuelvan atractivas, generando así mayor endeudamiento en el largo plazo. Por el contrario, la abundancia genera lo que los autores llaman “holgura”: ese espacio de maniobra que permite no tener que tomar decisiones cuando sabemos que las tomamos de la peor forma. Esa holgura puede ser dinero sin un gasto específico asociado, tiempo libre en nuestras vidas, o cualquier otro elemento que nos permita darnos el lujo de no tener que elegir cuando nuestra mente se ve capturada por la escasez.

La diferencia entre un escenario y otro es análoga a la de empacar con una valija grande o pequeña. La persona de la valija grande puede darse el lujo de llevar un sinfín de cosas inútiles, mientras que la persona que empaca con una valija chica debe pensar cuidadosamente qué empacar. Por consiguiente, quienes viven en abundancia tenderán al despilfarro y pueden darse el lujo de cometer errores. En el caso de los que empacan con valija chica, estos errores cuestan mucho más caros, y se ven permanentemente obligados a realizar análisis de costo-beneficio, ya que para agregar un objeto a su valija, siempre estarán sacrificando otro.           

Para un lector ansioso existe una pregunta que acompaña la lectura del libro de forma recurrente. Por más que la psicología de la escasez es común a diferentes tipos de escasez, esto no quiere decir que tenga las mismas consecuencias para cada caso. Mientras que algunas personas pueden abandonar proyectos para disponer de más tiempo, los pobres no deciden sobre su condición de pobreza. Los autores, que reconocen la falta de opción en ello, dedican una parte considerable de la última sección del libro a lo relativo a la psicología de la escasez en contextos de pobreza. La pobreza, en tanto escasez, afecta las habilidades cognitivas de los pobres, lo que resulta en peores desempeños en un sinfín de dimensiones, desde la productividad laboral hasta las prácticas de crianza.

Este nuevo enfoque tiene implicancias directas para el diseño de programas de superación de la pobreza. Son numerosos los ejemplos que mencionan los autores, pero el mensaje principal se resume en considerar que las personas pobres tienen un ancho de banda reducido debido a la escasez que enfrentan, y que es necesario contemplar esta realidad en el diseño de las políticas. En este sentido, los programas deberían apuntar justamente a liberar ancho de banda, en vez de sobrecargarlo. Por ejemplo, los programas que utilizan incentivos para fomentar la realización de diferentes acciones o conductas preferentes, deberían contemplar que estos premios pueden quedar por fuera de la visión de túnel de individuos que poseen un ancho de banda reducido en un contexto de escasez. Es sabido que las personas de menores ingresos también presentan mayor volatilidad en sus ingresos, lo que los fuerza a la situación de tener que hacer malabares para afrontar sus gastos. Seguros o instrumentos financieros que les permitieran amortizar estas fluctuaciones podrían ayudar a la holgura financiera del hogar, reduciendo la posibilidad de cometer “errores” en períodos de abundancia.

Este enfoque particular de la pobreza entendida como limitación a las habilidades cognitivas a partir de la escasez material es la gran fortaleza de este libro. Esta idea podría a priori irritar al lector ya que se puede entender como una liviandad, pero en realidad transmite un mensaje profundo que puede llegar a convencer a muchos escépticos, y es que todos actuaríamos de forma similar en contextos de pobreza. No es que los pobres son pobres porque no tienen autocontrol suficiente, sino que son más impulsivos justamente porque están bajo los efectos comportamentales de la escasez. Y así, se revierte la causalidad para todas las explicaciones individualistas que se han buscado para explicar la pobreza. Existe una posibilidad de que a través de la relación entre las limitaciones que genera la pobreza como una forma particular de la escasez, se puedan generar puentes de empatía para personas que suelen atribuir erróneamente a las personas pobres características personales que en realidad corresponden a la situación en la que se encuentran. Visto desde esta perspectiva, ahondar en la psicología de la escasez es imperativo para poder continuar profundizando en la comprensión del fenómeno de la pobreza y sus múltiples impactos.

 

Referencias

Robbins, Lionel (1932) “Ensayo sobre la naturaleza y significación de la ciencia económica”, The London School of Economics

 

Libro reseñado

Mullainathan, Sendil y Shafir, Eldar (2016) “Escasez. ¿Por qué tener poco significa tanto?”, Traducción de Roberto Reyes Mazzoni, Fondo de Cultura Económica: México D.F.

Reseña de "El patriarcado del salario: críticas feministas al marxismo"

--Camila Paleo

 

El libro El patriarcado del salario: críticas feministas al marxismo (Buenos Aires, Tinta Limón, 2018; Madrid, Traficantes de Sueños, 2018) es la última publicación de Silvia Federici. Federici es una filósofa y activista feminista, que ha realizado numerosas publicaciones sobre el rol del trabajo doméstico, la sexualidad y la procreación como parte de la explotación sobre las mujeres. Fue parte del Comité por el Salario Doméstico de Nueva York (1972), y en 1975 escribió su folleto Wages Against Housework, el que comienza con una de sus citas más conocidas: “They say it’s love. We say it is unwaged work[1].

Federici es reconocida como una de las feministas-marxistas más relevantes de la actualidad, y su libro Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2004) es considerado su obra más importante. El patriarcado del salario, se publica en un momento donde su trabajo ha cobrado particular relevancia, no solo para el movimiento feminista sino para quienes deseamos pensar la economía en clave feminista. La autora se basa en la teoría de Marx, pero le realiza críticas desde el feminismo. En particular, si bien su análisis del trabajo y el orden social sigue una lógica marxista, ubica en el centro al trabajo reproductivo, el cual es responsable de la reproducción de la fuerza de trabajo e ignorado como espacio de explotación por la tradición marxista.

Federici nos introduce al libro haciendo énfasis en la relevancia de analizar el salario, en tanto forma de organizar la sociedad. A partir del salario se crean jerarquías y se invisibiliza gran parte de la explotación que se da a partir del trabajo realizado en los hogares. Mediante la realización del trabajo doméstico las mujeres se tornan dependientes del salario masculino, y esto es lo que la autora denomina “el patriarcado del salario".

Este punto se retoma con más fuerza en su tercer capítulo, donde se señala que el trabajo doméstico como lo conocemos aparece a fines del siglo XIX y principio del siglo XX, en Inglaterra y Estados Unidos, como producto de una reforma laboral. Esta reforma transformó el trabajo en las fábricas –entre otras cosas expulsando a las mujeres– con el fin de adaptarlo a las necesidades capitalistas a partir de la “segunda revolución industrial”. Los cambios realizados fueron también impulsados por los hombres del proletariado y los sindicatos, quienes consideraban que el lugar de las mujeres era el hogar, y veían con preocupación el “desinterés” de las mujeres de la clase obrera en la familia y la reproducción. Como señala Federici:

“(...) mientras los sindicatos aclamaban el nuevo régimen doméstico que en la Primera Guerra Mundial ya se había impuesto en todo el territorio industrial, las mujeres inician un tránsito en el que se les arrebata su independencia de los hombres, se las separa entre ellas, se les obliga a trabajar en el espacio cerrado y aislado del hogar, se quedan sin dinero propio y con un horario de trabajo sin límites.” (p. 76.)

La autora vincula estos sucesos con lo que Marx llama “subsunción real”, planteando que la familia fue reestructurada por el capitalismo de forma de servir a su acumulación. Este cambio en la lógica familiar se vio acompañado por formas de educación popular donde se instruye a las mujeres en actividades domésticas, dinámica que se mantiene con el posterior retorno de las mujeres al mercado de trabajo asalariado. Este es uno de los énfasis del libro. El considerar que el problema para las mujeres es únicamente la no inclusión en el mercado lleva a luchar por pertenecer al mismo, y no por cambiar la estructura social vigente. Aunque las mujeres formen parte del trabajo asalariado, continúan siendo trabajadoras en los hogares.

Federici utiliza parte del segundo capítulo para cuestionar la falta del análisis del trabajo doméstico en la teoría de Marx. La reproducción y posterior mantenimiento de la fuerza de trabajo realizada en los hogares es esencial para la acumulación del capital, sin embargo, Marx lo analiza únicamente desde el lado del consumo.

La omisión del trabajo doméstico no afecta únicamente la concepción que se tiene de la producción y reproducción de la clase trabajadora, sino también de la posible liberación a partir del proceso de industrialización del trabajo. De las diversas críticas que la autora le hace a Marx por considerar que la industrialización por sí sola es un proceso liberador de las mujeres, voy a enfocarme en una.

Esta creencia se sustenta en entender que la industrialización permite el ingreso de las mujeres al trabajo asalariado, sosteniendo implícitamente que antes no podrían haberse integrado. Esto no es así. Las mujeres supieron ocupar un espacio en el trabajo asalariado, del cual fue expulsada, y aunque la expulsión tuvo que ver con la acumulación del capital también fue producto de tensiones dentro de su misma clase, donde los intereses de las trabajadoras y los trabajadores no se alinearon. Algunas tensiones sociales no desaparecerían con la industrialización, a menos que operen otros canales en el proceso.

El rol del salario como mecanismo de control y estructurador social se encuentra presente en todos los capítulos del libro, pero es en el primer capítulo[2] en el que la autora realiza una propuesta concreta frente al trabajo doméstico no remunerado: darle un salario. El salario es usado para fragmentar a la clase obrera en distintos mercados de trabajo y contraponer intereses –hay un salario para hombres blancos, otro para mujeres jóvenes, otro para hombres afrodescendientes, etc.–. Opone a la clase trabajadora al proletariado “no trabajador", constituido, en gran medida, por mujeres que realizan trabajos domésticos. La implementación de un salario por este trabajo sería una forma de emancipar a las mujeres del control y “benevolencia" de los hombres de quienes dependen.

Igualmente, las autoras plantean que la lucha por salario no es una lucha contra asalariados, sino contra el capital. Es una lucha por visibilizar la duración real de la jornada de trabajo, por rechazar el trabajo doméstico como un destino biológico para las mujeres:

“Porque no estamos peleando por una redistribución más equitativa del mismo trabajo. Estamos en lucha para ponerle fin a este trabajo y el primer paso es ponerle precio." (p.36).

En lo que refiere a las principales críticas que recibe este trabajo, parten de la idea de que miradas como las planteadas por Federici –a partir del género– dividen y segregan, dificultando la unión. Federici ya planteaba que los vacíos que deja Marx en este tema son el sostén de una lectura simplista de la lucha de clases, donde diferencias a partir del género se consideran culturales y desaparecerían posteriormente al capitalismo. No considerar las distintas formas en las que opera el capitalismo lleva a una lectura errónea de los mecanismos para la liberación, y a la invisibilización de determinados sectores.

En particular, esto es pertinente para la discusión de definiciones normativas dentro de la economía, las cuales se podrían traducir en recomendaciones de política pública erróneas. Por ejemplo, la categoría de “inactividad" al analizar el mercado de trabajo responde a la invisibilización del trabajo que hacen las mujeres. Asimismo, este mismo trabajo no es tenido en cuenta como producto de nuestras economías, una mirada feminista llama a cuestionarnos qué entendemos como producción. Por último, para las mujeres que ya exhiben una larga jornada de trabajo en el hogar, políticas de integración en el mercado laboral que no tengan en cuenta una redistribución en el uso del tiempo en el hogar, pueden representar una sobreexplotación de las mujeres (Federici, 2015).

El patriarcado del salario es una lectura recomendable, no únicamente como crítica al marxismo, sino como una crítica a cómo se piensa la economía en su conjunto. Estas aproximaciones sirven para nutrir a distintas ramas de la economía, generando que dichos enfoques incorporen una perspectiva que tenga en cuenta la dinámica de trabajo de las mujeres.

El libro, de libre difusión, puede descargarse en el siguiente enlace.

 

Bibliografía

Arlen, A. y Federici, S. (2017) Wages for Housework: The New York Committee 1972–1977: History, Theory, Documents

Federici, S. (2015) Economía feminista entre movimientos e instituciones: posibilidades, límites, contradicciones. Capítulo en “Economía feminista” editado por Cristina Carrasco Bengoa y Carmen Díaz Corral.

Federici, S. (2018) El patriarcado del salario: críticas feministas al marxismo. Traficantes de sueños.

 


[1]En español: "Lo que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no remunerado".

[2]Este capítulo es el único del libro que se encuentra en coautoría, siendo la otra escritora Nicole Cox.