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Todos los docentes del departamento están invitados a enviar contribuciones para este blog. Las mismas no deben superar las 1200 palabras. Quienes estén interesados pueden escribir a Pablo Marmissolle (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ).

24/07/2020: El comportamiento de las transferencias sociales monetarias a lo largo del ciclo económico: evidencia empírica para Uruguay

--Leonel Muinelo-Gallo y Ronald Miranda Lescano

Un tema importante en la literatura de finanzas públicas refiere al comportamiento cíclico de la política fiscal. Las políticas fiscales anti-cíclicas implican gastar menos en los buenos tiempos y gastar más en los malos tiempos, a los efectos de mitigar la recesión y acelerar la recuperación económica. Dentro de este marco, el gasto público se comporta como estabilizador del ciclo económico. Ello puede contrastarse con las políticas pro-cíclicas, que implican aumentar el gasto en los buenos tiempos y recortarlo en los malos tiempos, lo cual tiende a amplificar las fluctuaciones de la economía y, eventualmente, generar grandes costos sociales que pudieran afectar a los segmentos más vulnerables de la sociedad (Vegh y Vuletin, 2014).

En este trabajo de investigación nos centramos en el análisis del comportamiento cíclico de las transferencias monetarias públicas (contributivas y no contributivas) en Uruguay, por dos razones principales:

1) estas transferencias constituyen una proporción importante de los gastos del gobierno uruguayo. Por lo tanto, su diseño resulta relevante para comprender el rol de la política fiscal como herramienta de estabilización del ciclo económico;

2) los gobiernos operan este sistema de transferencias monetarias como forma de asegurar a su población contra las pérdidas de ingresos. Así pues, un objetivo importante del diseño de la política fiscal es comprender en qué medida el mayor riesgo de ingresos en las recesiones o crisis macroeconómicas se ve mitigado por estas políticas públicas específicas.

Una proporción importante de las políticas de gasto público a lo largo del ciclo económico son esencialmente el resultado de decisiones discrecionales de los encargados de la formulación de políticas sobre si se debe aumentar o reducir el gasto. Es así que el consumo público (sueldos y salarios; bienes y servicios) y la inversión pública son el resultado de decisiones de gasto deliberadas cuando los encargados de la formulación de políticas aprueban el presupuesto. Sin embargo, una gran parte de las políticas de gasto son el resultado de la aplicación de programas sociales y beneficios que son de naturaleza automática. Las categorías de gastos automáticos más importantes incluyen: i) gastos en seguridad social (principalmente transferencias monetarias a las personas en edad de jubilarse), ii) los programas y beneficios familiares, que incluyen transferencias monetarias condicionadas, principalmente dirigida a los hogares más pobres y vulnerables, y iii) el seguro de desempleo (subsidios a las personas desempleadas).

Con relación al comportamiento a lo largo del ciclo económico de esta estructura de transferencias sociales monetarias, resulta importante realizar varias puntualizaciones. En primer lugar, no debería esperarse que las transferencias a la seguridad social se encuentren relacionadas con las fluctuaciones del ciclo económico, ya que el criterio subyacente para su diseño e implementación se encuentra determinado por cambios demográficos como, por ejemplo, la estructura etaria de la población. En segundo lugar, lo mismo debería ser cierto para los programas y beneficios familiares. En principio, estos programas sociales tienen como objetivo abordar problemas estructurales, por lo cual, no se esperaría que este gasto varíe demasiado con las fluctuaciones de la economía en el corto plazo. Finalmente, el mecanismo de seguro de desempleo es, por construcción, un estabilizador automático. En términos generales, los países que cuentan con un programa de seguro de desempleo correctamente diseñado deberían ver un aumento automático de estas transferencias durante las recesiones y, por la misma lógica, una disminución de estas transferencias a medida que la economía se recupera y las personas vuelven a trabajar.

El caso de Uruguay

El sistema de transferencias sociales en Uruguay involucra un conjunto de prestaciones que satisfacen las necesidades de distintos grupos de población en cuanto a demografía, situación de actividad económica y niveles de ingresos. Este país se ha caracterizado por haber desarrollado un sistema de seguridad social que, a nivel regional, ha logrado un nivel de cobertura aceptable, en términos de población cubierta y de riesgos considerados en la legislación.

Durante los últimos 15 años, en un contexto de estabilidad macroeconómica y rápido crecimiento económico impulsado por el aumento de la demanda internacional de productos básicos, y mediante el rediseño de su política fiscal, Uruguay ha logrado una importante reducción de los niveles de pobreza y una menor desigualdad de ingresos (Amarante et al. 2014; Bucheli et al. 2014). La figura 1 nos muestra importantes disminuciones de ambos indicadores; en el caso de la pobreza a partir de 2004, y en el caso de la desigualdad a partir de 2008. Sin embargo, a pesar de estos notables avances, Uruguay sigue estando muy por detrás de las economías avanzadas en cuanto a los niveles de redistribución logrados a través de estas herramientas de gasto social (Lustig y Pereira, 2016).

Figura 1 – Evolución de la pobreza y la desigualdad en Uruguay (1988 – 2016)

Figure1

Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Uruguay ha alcanzado, recientemente, la condición de país de altos ingresos según la clasificación de países del Banco Mundial. En este contexto, los ciudadanos uruguayos están demandando más y mejores servicios públicos por parte de su gobierno. Si el gobierno no logra satisfacer estas nuevas demandas, pueden surgir importantes tensiones sociales que impongan obstáculos importantes al proceso de desarrollo económico a mediano y largo plazo. Actualmente, este desafío resulta aún mayor debido a los bajos precios de las materias primas y el bajo crecimiento mundial; lo cual podría impactar severamente sobre la sostenibilidad de las diferentes políticas fiscales implementadas en el país.

Considerando este contexto, nuestra investigación analiza cómo se ha comportado un componente relevante del presupuesto público (aproximadamente 30% del gasto público o 9% del PIB), las transferencias sociales monetarias contributivas y no contributivas, a lo largo del ciclo económico en Uruguay durante el período 1988-2016. Los resultados indican que el total de las transferencias sociales monetarias se comportan de manera pro-cíclica y, en particular, que este patrón de comportamiento se ve impulsado por las prestaciones a la vejez y las pensiones de supervivencia. Dentro de este marco, podemos afirmar que las transferencias sociales han agravado el ciclo económico en Uruguay. Debido a que estas transferencias sociales están generalmente asociadas a los objetivos gubernamentales de mantenimiento de los ingresos y reducción de la pobreza, podemos inferir también que el diseño de la política fiscal social en Uruguay ha expuesto a los grupos más vulnerables de la población a episodios económicos más adversos, especialmente durante las recesiones.

Nuestros resultados sugieren que las demandas sociales y el fortalecimiento fiscal pueden lograrse en el Uruguay a través de un diseño cíclico efectivo de su política social, en lugar de la solución estándar de recortar el gasto público, durante las recesiones, para lograr la sostenibilidad fiscal.

¿Por qué las transferencias sociales monetarias aumentan en los buenos tiempos y disminuyen en los malos en el Uruguay?

Una de las principales razones puede residir en los mecanismos de indexación de las transferencias sociales monetarias. La mayoría de los países industrializados cuentan con fórmulas que indexan las prestaciones a la seguridad social con la inflación de los precios nominales (medida a través de las variaciones temporales del IPC); después de todo, lo ideal sería que el poder adquisitivo de los jubilados se mantuviera a lo largo del tiempo.

En Uruguay, las pensiones de vejez y supervivencia fueron actualizadas por el Índice Medio de Salarios (IMS) de 1990 a 2002, y desde 2003 por el Índice Medio de Salarios Nominales (IMSN). En general, el salario real creció más rápido durante las expansiones económicas y menos durante las recesiones económicas. Por lo tanto, este mecanismo de indexación podría introducir un sustancial componente procíclico en las pensiones de vejez y supervivencia en el Uruguay.

La figura 2 ilustra la evolución de las tasas de crecimiento anual del IPC y el IMS-IMSN en el período comprendido entre enero de 1997 y abril de 2020. En primer lugar, se puede observar que las tasas de crecimiento del IPC y del IMS-IMSN siguen una trayectoria similar hasta el año 2001, y luego ambos índices comenzaron a experimentar una evolución marcadamente diferente. Durante la crisis financiera de 2002-2004, la tasa de crecimiento del IPC es más alta que la del IMS-IMSN, desde 2004 el IMS-IMSN muestra claramente una situación más inflacionaria que el IPC, y recientemente, la tasa de crecimiento del IPC es superior al del IMS-IMSN. Este último punto es importante debido a que las tasas de crecimiento del índice de salarios se aplican como índice de referencia para actualizar los montos de las pensiones de vejez y sobrevivencia, generando un aumento de sus valores reales a partir de 2004 hasta el período reciente que implicará una disminución en los valores reales. Por lo tanto, de la investigación se deduce que las fórmulas de indexación juegan un papel importante en la prociclicidad de las variables de las transferencias sociales en Uruguay. Si estas prestaciones se actualizaran con el IPC en lugar de estar indexadas por los salarios, su prociclicidad sería más moderada o incluso acíclica.

Figura 2 – Evolución del Índice de Precios al Consumo (IPC), Índice Medio de Salarios e Índice Medio de Salario Nominal (IMS-IMSN), período 1997.01 – 2020.04

(variación anual, en %)

Figure2

Fuente: INE.

Recomendaciones de política económica

  • Las fórmulas de indexación de la seguridad social deberían cambiarse en Uruguay. La utilización del IPC parecería ser una mejor alternativa para proteger el poder adquisitivo de los beneficiarios de estos programas sin que ello afecte, en gran medida, a la sostenibilidad de estas transferencias monetarias.
  • Dado que la actualización de las pensiones a través del IPC permite mitigar, pero no evitar, su prociclicidad, también se recomienda el establecimiento de reglas fiscales nacionales (por ejemplo, balance ajustado por ciclo económico y/o topes de deuda) a fin de estabilizar la economía a lo largo del ciclo macroeconómico y evitar, a su vez, la presión de los distintos grupos de interés por aumentar sus ingresos, especialmente durante las expansiones macroeconómicas.

La versión completa del artículo se encuentra disponible en la Revista Hacienda Pública Española (Nº 233, vol. 2, año 2020): https://dx.doi.org/10.7866/HPE-RPE.20.2.2

Referencias

Amarante, V., Colafranceschi, M. and Vigorito, A. (2014), “Falling inequality in Latin America: policy changes and lessons”, in Uruguay’s income inequality and political regimes over the period 1981–2010, Oxford University Press.

Bucheli, M., Lustig, N., Rossi, M. and Amábile, F. (2014), “Social spending, taxes, and income redistribution in Uruguay”, Public Finance Review, 42: 413–433.

Lustig, N. and Pereira, C. (2016), “The impact of the system and social spending in income redistribution and poverty reduction in Latin America”, Revista Hacienda Pública Española, 219: 121–136.

Vegh, C., Lederman, D. and Bennett, F. (2017), Leaning against the wind: fiscal policy in Latin America and the Caribbean in a historical perspective, World Bank.

Vegh, C. and Vuletin, G. (2014), “The road to redemption: policy response to crises in Latin America”, IMF Economic Review, 62: 327–370.

17/07/2020: Impactos del COVID-19 en Uruguay: Ciclo de webinars

--Departamento de Economía

Como parte de la respuesta frente a los problemas de actualidad, el Instituto de Economía (IECON) puso en marcha, además de la serie de comunicaciones "Aportes y análisis en tiempos de coronavirus", el ciclo de webinars Impactos del COVID-19 en Uruguay durante los meses de mayo y junio de 2020.

El ciclo tuvo como objetivo contribuir a la discusión pública sobre algunos de los diversos ángulos problemáticos que la pandemia trajo consigo, además del riesgo sanitario. En sesiones de frecuencia semanal, se presentaron fundamentalmente resultados de investigación académica sobre diversos impactos de la situación de pandemia. Los problemas económicos ocuparon un lugar central, pero se dio también cabida a algunas dimensiones históricas, sociales y políticas del fenómeno. Así, junto los aportes de los economistas de la casa e invitados, a lo largo del ciclo fueron presentados los puntos de vista de especialistas en Demografía, Filosofía, Historia y Ciencia Política. Además de los participantes uruguayos, hubo contribuciones de especialistas de Argentina, Brasil, Chile, Bélgica y Francia.

La primera sesión del ciclo, Crisis y pandemias en la historia, tuvo lugar el jueves 14 de mayo y en ella se discutieron lecciones y aprendizajes del impacto de pandemias ocurridas en la historia reciente. El webinar comenzó con la presentación de los economistas Carolina Romero (FCEA-UdelaR) y Pablo Marmissolle (FCEA-UdelaR) de nuestro Departamento, quienes discutieron acerca de los "Efectos económicos de las pandemias: un enfoque de largo plazo". A continuación, la demógrafa Raquel Pollero (FCS-UdelaR) expuso sobre "Epidemias del pasado: semejanzas y diferencias con la actual pandemia (el caso uruguayo)"; cerró la sesión el historiador Gerardo Caetano (FCS-UdelaR) planteando su visión sobre "Las crisis y sus impactos políticos en el Uruguay".

La segunda sesión se transmitió el viernes 22 de mayo y centró la discusión en La crisis sanitaria y sus impactos distributivos. Contó, en primer lugar, con la participación del Dr. en Filosofía Agustín Reyes (FCEA-UdelaR), quien expuso sobre “¿Justicia o solidaridad? Reflexiones normativas en torno a las desigualdades en tiempo de pandemia”; luego, el economista Mauricio De Rosa (FCEA-UdelaR) presentó “Estimaciones de incremento de la pobreza como consecuencia de la crisis de COVID-19”; el cierre estuvo a cargo del economista Carlos Grau (FCEA-UdelaR, CINVE), cuya presentación se tituló “Dime cuál es tu forma de recaudar y te diré cuáles son tus prioridades”.

Una semana después, el viernes 29 de mayo, tuvo lugar el tercer webinar del ciclo: Impactos del COVID-19 en la macroeconomía de la región. En esta ocasión se contó con la participación de economistas de Argentina, Brasil y Uruguay, quienes expusieron sobre la situación económica actual, los desafíos y perspectivas para cada país. El caso argentino fue abordado por Ramiro Albrieu (Cippec y UBA); la situación de Brasil fue discutida por André Moreira Cunha (UFRGS); la realidad uruguaya fue abordada por Gabriela Mordecki (FCEA-UdelaR) y el cierre estuvo a cargo de Gabriel Oddone (CPA y FCEA-UdelaR).

Continuando con el ciclo de webinars, el jueves 4 de junio se transmitió la cuarta sesión: Políticas e impactos del Covid-19: qué sucede en otros países. El webinar contó con destacados economistas de diferentes instituciones a nivel internacional, que dieron su mirada sobre lo ocurrido en términos de impactos de la crisis sanitaria y económica, así como de las políticas públicas que se han estado desarrollando a raíz de la pandemia. Participaron de esta sesión Gioia De Melo (OCDE) que expuso sobre “Principales medidas de política tributaria adoptadas ante la crisis COVID-19”; Simone Cecchini (CEPAL), quien realizó su exposición sobre “El desafío social en tiempos del COVID-19”; Guillermo Alves (CAF), que habló sobre “Transporte público y movilidad urbana en tiempos de Coronavirus”; y Sebastián Fleitas (KU Leuven) que expuso sobre “Apuntes hacia una agenda de mejora de la productividad de la economía uruguaya post-COVID19”.    

La quinta sesión del ciclo de webinars, Impactos de COVID-19 sobre los sectores productivos y el territorio, fue transmitida el viernes 12 de junio, y también estuvo a cargo de destacados economistas. La primer presentación estuvo a cargo de Adrián Rodríguez Miranda (FCEA-UdelaR), quien discutió acerca del “Las heterogeneidades productivas y territoriales frente al COVID19 en Uruguay”; la segunda presentación, “Desafíos de la cadena forestal en el Noreste del país: ¿cambios con el COVID-19?”, estuvo a cargo de Virginia Morales (CUT-UdelaR); a continuación, Sergio Perez Rozzi (Universidad Tecnológica Nacional,  Argentina) expuso sobre “Las agendas del desarrollo territorial, en los municipios de la provincia de Buenos Aires”; la última presentación, “Ciencia, tecnología e innovación y COVID-19: ¿nuevas oportunidades de desarrollo local en Uruguay?”, estuvo a cargo de Lucía Pittaluga (FCEA-UdelaR).

El ciclo de continuó el jueves 18 de junio con la sesión titulada Política en épocas de pandemia. En esta ocasión se contó con la participación de la socióloga Alicia Lissidini (UNSAM, Argentina) que expuso sobre"Las claves políticas del control de la pandemia y los riesgos para la democracia",la politóloga Victoria Gadea (Directora de Redes y Política en Ciudadana) que habló sobre "El espacio público en tiempos de pandemia" y el politólogo Daniel Chasquetti (FCS) que expuso sobre “Cerrando filas: el sistema político uruguayo durante la pandemia del Covid19”.

La séptima y última sesión del ciclo de webinars se transmitió el viernes 26 de junio; en esta se discutió acerca de Educación y cuidados en épocas de pandemia, por parte de economistas especialistas en la temática. La sesión contó, en primer lugar, con la participación de Alina Machado (FCEA-UdelaR), quien presentó “La educación en tiempos de pandemia. Y el día después”; a continuación, Mariana Zerpa (KU Leuven, IZA) expuso sobre “Infancia y adolescencia en tiempos de pandemia: Poniendo la mirada en el largo plazo”; la última presentación de la sesión, “Género y cuidados durante la pandemia: ¿hacia una nueva normalidad?”, estuvo a cargo de Soledad Salvador (CIEDUR).

El ciclo contó con una alta asistencia de público y motivó preguntas de muy diverso tenor que permitieron alentar el debate y el intercambio entre los disertantes y la audiencia.

Desde el Departamento de Economía hemos quedado muy satisfechos con el resultado del ciclo. Se realizaron aportes a la comprensión pública de problemas sociales, se volcaron esfuerzos de investigación a la agenda política y se consolidaron y ampliaron relaciones con otros centros de investigación, organismos internacionales y universidades del exterior. Queremos aprovechar este post para agradecer a todos los investigadores y técnicos especializados que en forma tan cordial accedieron a nuestra invitación, participaron activamente y contribuyeron, desde sus profesiones, a cerrar un ciclo atractivo, de difusión y de construcción de agenda. Fueron coordinadoras del ciclo las profesoras Gabriela Mordecki y María Inés Moraes.

 

13/07/2020: Desigualdades regionales, crecimiento económico y cambio estructural en Uruguay: 1983-2017

--Adrián Rodríguez Miranda, María de las Mercedes Menéndez

¿Por qué es relevante el tema?

La búsqueda de explicaciones en torno a las diferencias existentes en el desempeño económico de los países y regiones ha sido una de las principales preocupaciones de la economía. Según la teoría neoclásica, los países o regiones de menores ingresos se aproximan a los de mayores ingresos como resultado natural de que el cambio técnico es exógeno y que el capital se puede mover libremente entre regiones con similares preferencias y tecnología (Michelis y Neaime, 2004). Posteriormente, los modelos de crecimiento endógeno y de la Nueva Geografía Económica (NGE) rechazan la hipótesis de convergencia, demostrando la existencia de especialización productiva regional y de concentración espacial de la actividad económica y el crecimiento (Gardiner et al., 2004). En línea con los modelos de crecimiento endógeno, la teoría de desarrollo territorial pone sobre la mesa la complejidad del crecimiento y del cambio estructural[1], debido a que los determinantes de estos procesos se encuentran condicionados por la propia organización económica, social e institucional del territorio (Vázquez Barquero, 2005). Por lo tanto, en el desarrollo territorial no existen recetas y cada territorio debe encontrar su propio sendero de desarrollo.

Con respecto a los procesos de convergencia/divergencia de los países o regiones, no existe unanimidad en la literatura acerca del efecto del cambio estructural sobre los mismos. La evidencia empírica muestra diferentes resultados según el país o región económica y el período de tiempo analizado, por lo que estos análisis tendrían una mayor utilidad e importancia en cuanto a su aporte para comprender mejor la dinámica del proceso económico nacional y regional dentro de un determinado contexto histórico, social y territorial.

Para el caso de Uruguay, las recientes estimaciones de VAB por departamento de Rodríguez Miranda y Goinheix (2018) contribuyen a demostrar la existencia de diversas y cambiantes dinámicas territoriales en el país durante diferentes períodos de estudio (Rodríguez Miranda y Goinheix, 2018; Martínez-Galarraga et al., 2020), al tiempo que confirman ciertas persistencias que estarían denotando rasgos estructurales muy vinculados a la dimensión territorial. En este sentido, dado que hay puntos de partida diferentes y condiciones estructurales diversas, sería esperable encontrar que los períodos de bonanza económica no tengan impactos homogéneos en las distintas regiones del país. A su vez, también resulta de interés conocer si el crecimiento económico a lo largo del período de estudio ha impactado o no en la transformación estructural del VAB departamental, por ejemplo, transformando economías históricamente de base primaria hacia sectores secundarios y/o terciarios.

Objetivos

El objetivo principal de esta investigación es identificar la existencia de desigualdades entre los distintos departamentos de Uruguay y analizar su relación con el crecimiento económico y el cambio estructural durante el período 1983-2017.

El documento procura analizar tres aspectos: 1) la desigualdad regional desde una perspectiva de largo plazo, en particular, durante el último proceso de crecimiento económico del país entre 2004 y 2017; 2) el crecimiento económico a nivel nacional y su expresión a nivel territorial y 3) la contribución del cambio estructural al crecimiento económico regional.

Metodología y fuentes

En lo que respecta a los aspectos metodológicos de la investigación, se propone una serie de indicadores dinámicos (convergencia beta y sigma) y estáticos (índices de Theil, Gini y Herfindahl-Hirschman) para estimar si hay o no convergencia regional (departamental). Además, se realiza un análisis descriptivo y de las trayectorias de cada departamento respecto a la evolución de su VAB per cápita, su participación relativa en el VAB nacional, así como los cambios en sus estructuras productivas. En relación con esto último, se propone la metodología shift-share como forma de testear la presencia o no de cambio estructural.

Las fuentes de datos utilizadas sobre VAB departamental refieren a estimaciones recientes en Rodríguez Miranda y Goinheix (2018) y la información oficial disponible en el Observatorio Territorial Uruguay (OTU) de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto de Presidencia (OPP). Para aplicar la metodología shift-share se recurre a la Encuesta Continua de Hogares del INE (ECH) para estimar el número de personas ocupadas en el sector primario, secundario y terciario.

Conclusiones

En primer lugar, durante el período analizado se produce una caída de la desigualdad regional (departamental). Sobre todo, en los dos sub-períodos de estabilidad y crecimiento económico analizados, uno en los noventa y otro en los dos mil, el crecimiento contribuye, en general, a una caída de la desigualdad entre departamentos.

En segundo lugar, más allá de la situación general (el promedio), el impacto del crecimiento económico y de sus ciclos no tuvo efectos homogéneos a nivel territorial. Los efectos del crecimiento sobre las diferentes economías departamentales depende, en gran medida, por un lado, de las bases productivas que impulsaron a cada modelo nacional de crecimiento económico y de las políticas públicas al respecto en cada período analizado y, por otro lado, de las condiciones del contexto internacional. De esa forma, el modelo de crecimiento de los noventa favoreció más a Montevideo y a los departamentos vinculados con la economía argentina (especializados en comercio, turismo y servicios logísticos). Por lo tanto, en este período se puede ver con mayor precisión una “L” del desarrollo, conformada por los departamentos del litoral fronterizos con Argentina y un eje costero sur entre Colonia, Montevideo y Maldonado. Por el contrario, el modelo de crecimiento de los dos mil “engrosa” la parte baja de esa “L”, que pasa a abarcar al centro y centro-este del país, y va "recortando" la parte alta (debido a procesos de retroceso en el alto litoral, Salto y Paysandú, que confirman una tendencia decreciente que ya venía desde los 1990s) haciendo que la "L" alcance menos a la zona norte del país. En consecuencia, en los dos mil el desarrollo económico regional pasó a mostrar una dinámica más diferenciada entre el sur y suroeste (más desarrollado) y el noreste (menos desarrollado). A su vez, se vuelve a confirmar que la región con mayor atraso relativo es la zona fronteriza con Brasil, aunque hay algunas economías (Rivera y Tacuarembó) que han mostrado en los 2000 un importante desarrollo de nuevas industrias (madera) y una modernización de las cadenas de agroindustrias tradicionales. Todavía queda camino por recorrer en esa región del país.

Figura 1-VAB per cápita (valor promedio para cada sub-período; UY=100)

graf1 ARM Mercedes

En tercer lugar, durante el período de estudio no hubo cambio estructural que acompañe a los procesos de crecimiento económico nacional y regional en Uruguay. En cambio, se observan procesos muy relevantes de mejora de la productividad, lo que determina que, sin cambiar estructuras productivas, no se sigue haciendo lo mismo. Es decir que, el agro, la agro-industria, los servicios productivos, la logística y el turismo no son los mismos sectores de un período a otro. Sufren transformaciones muy relevantes que suponen innovaciones, incorporación de tecnología y nuevas formas de organizar la producción y la comercialización. Esto se aprecia claramente en el período de crecimiento de los dos mil con el nuevo desarrollo de las cadenas agroexportadoras y del agro negocio, lo que transformó totalmente las lógicas productivas y sus expresiones territoriales en el país (Martínez et al., 2019).

Dicho lo anterior, la falta de cambio estructural señala que la dependencia del sector agrícola y la agroindustria, o si se quiere de los recursos naturales, se mantiene como el rasgo característico del país. Esto es un dato de la realidad, y seguramente señale la necesidad de seguir desarrollando políticas que puedan extraer el máximo potencial de estas actividades basadas en recursos naturales (con la innovación como norte y la sostenibilidad como buque insignia). No obstante, lo anterior no debería inhibir la discusión sobre la posibilidad de poder hacer apuestas a sectores no basados en recursos naturales y considerar estrategias complementarias de cambio estructural, al menos para algunas regiones (además de Montevideo, donde existen desarrollos no tradicionales como la industria de las TICs y la biotecnología).

Click aquí para acceder al Documento de Trabajo.

Referencias bibliográficas:

Michelis, L., y Neaime, S. (2004). Income Convergence in the Asia-Pacific Region, Journal of Economic Integration, 19(3), 470–498.

Gardiner, B., Martin, R., y Tyler, P, (2004). Competitiveness, productivity and economic growth across the European regions, Regional Studies, 38(9), 1045–1067.

Martínez, E., Delgado, M. y Pedrosa, R. (eds.) (2019) Lógicas territoriales del Uruguay agroexportador. Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República y Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medioambiente de Uruguay, Montevideo.

Martínez-Galarraga, J., Rodríguez Miranda, A., y Willebald, H. (2020, en prensa) “Patterns of regional income distribution in Uruguay (1872-2012): a story of agglomeration, natural resources and public policies”. En: Badia-Miró, Tirado-Fabregat & Willebald (ed,) Time and Space: Latin American Regional Development in Historical Perspective, London: Palgrave MacMillan

Rodríguez Miranda, A., y Goinheix, S. (2018). Estimación del VAB departamental en Uruguay y evolución en el período 1981-2011, Serie Documentos de Trabajo No, 03/2018, Instituto de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y Administración, Universidad de la República, Uruguay.

Vázquez Barquero, A. (2005). Las nuevas fuerzas del desarrollo. Antoni Bosch Editor. Barcelona.


[1] El concepto de cambio estructural se remonta a la década del cincuenta y era entendido como un proceso de reasignación de recursos -capital y trabajo- desde los sectores de baja productividad hacia aquellos con alta productividad (Lewis, 1954). Este trabajo asume que existe cambio estructural en los departamentos cuando se verifican transformaciones en las estructuras productivas de los mismos, ganando peso en el VAB total los sectores secundarios, terciarios o ambos. A su vez, se concibe que existe cambio estructural cuando existen cambios en la productividad y de relocalización de trabajo desde los sectores menos productivos hacia los más dinámicos.

Reseña de “How We Cooperate: A Theory of Kantian Optimization”

--Joaquín Paleo [1]

Reseña de “How We Cooperate: A Theory of Kantian Optimization” de John E. Roemer.[i]

Parece difícil pensar en la actividad humana en general sin pensar, en alguna medida, en procesos que implican la cooperación entre individuos. Pese a esto, la economía se ha encargado de modelar las interacciones entre individuos casi exclusivamente a través de modelos competitivos.

A su vez, cuando dicha cooperación se modela dentro del marco analítico de la teoría de juegos, es necesario recurrir a juegos repetidos y explicarla como un equilibrio de Nash[2] en este nuevo juego, incluyendo en la estrategia un castigo a aquellos que se desvían de lo que sería el equilibrio cooperativo. Por lo tanto, cuando explicamos la cooperación en economía también lo hacemos a través de mecanismos que en sus fundamentos no son cooperativos.

En los últimos años, la economía comportamental ha optado por explicar la cooperación incluyendo lo que Roemer llama ‘’argumentos exóticos’’ en la función de utilidad de los individuos, los cuales representan aspectos no convencionales de las preferencias como el altruismo, la reciprocidad u otras preocupaciones sociales. Sin embargo, el mecanismo de optimización que sigue esta literatura es exactamente el mismo que la corriente más clásica, el cual consiste en elegir aquella acción que maximiza la utilidad individual, con sus posibles modificaciones comportamentales, tomando como dadas las acciones de los demás.

El objetivo principal de Roemer en este libro es realizar una crítica del proceso de optimización que gobierna al comportamiento humano dentro de la economía, tanto estándar como comportamental, y ofrecer una alternativa relativamente más sencilla que permita explicar la cooperación. En su forma más simple, esto se desarrolla para juegos simétricos,[3] donde el protocolo de acción, denominado optimización kantiana, nos dice que debemos elegir aquella acción que nos gustaría que todos eligieran.[4] De esta forma, se incluye la cooperación no de una forma elaborada dentro de las preferencias, sino directamente en el proceso de optimización, donde ya no se toma como dada la acción de los demás.

Dado este protocolo, se define al Equilibrio Kantiano Simple (SKE por sus siglas en inglés) en un juego simétrico como la estrategia que cada individuo preferiría que todos jugaran. Roemer demuestra que el SKE es pareto-óptimo, resultado que es sencillo de ver, por ejemplo, para el dilema del prisionero, donde claramente el óptimo consiste en que ambos individuos cooperen (es decir, no confiesen).

Sin embargo, no todos los juegos donde se puede observar cooperación son simétricos. El autor plantea que en juegos asimétricos, como por ejemplo el ultimátum, lo que sucede es que los optimizadores kantianos toman en cuenta que en primer lugar juega la naturaleza al determinar los roles, e incluyen esta arbitrariedad a la hora de optimizar, pensando qué harían en cada escenario posible. Esta explicación puede bastar en juegos lo suficientemente sencillos como el ultimátum, pero es un argumento bastante débil para explicar situaciones más complejas del mundo real: que los agentes incorporen el azar en la determinación de roles en su protocolo implica que efectivamente crean que los roles son determinados de esta forma y no que son, por ejemplo, consecuencia de su propio esfuerzo.

Por otro lado, para que este nuevo protocolo funcione es necesario que se cumplan algunos supuestos. Primero, se requiere un conocimiento común de la situación, y, segundo, se requiere igualdad en las capacidades cognitivas de todos los jugadores.[5]El conocimiento común implica que los agentes conocen la simetría (o el rol de la naturaleza) en el juego al que se enfrentan. Estos supuestos se vinculan directamente con la confianza, definiéndola como la creencia de que los demás también van a elegir la acción cooperativa. Según el autor, son estos supuestos los que engendran dicha confianza, ya que si todos sabemos que nos encontramos en la misma situación y contamos con igual capacidad cognitiva, resulta sensato pensar que vamos a restringirnos a tomar decisiones simétricas, y que de este subconjunto vamos a tomar la mejor según nuestras preferencias individuales. Sin embargo, aunque esta idea de confianza es vital para la propuesta de Roemer, no elabora ninguna teoría o hipótesis sobre cómo se llega efectivamente a la misma, en el sentido de cómo se induce este conocimiento común de la situación, siendo esta una carencia del libro.

Roemer luego expande el concepto del SKE para juegos con preferencias heterogéneas, definiendo dos nuevos tipos de equilibrio kantiano: multiplicativo (K*) y aditivo (K+), a la vez que se demuestra la existencia de un continuo de equilibrios como combinaciones de estos dos. El K* implica una situación donde ningún individuo estaría dispuesto a modificar todos los esfuerzos por un mismo factor, mientras que el K+ implica una situación donde ningún individuo estaría dispuesto a trasladar todos los esfuerzos por una misma constante. Al igual que el SKE, Roemer demuestra que en juegos monótonos estrictos estos equilibrios son pareto-óptimos.

El autor también intenta responder una interrogante que seguramente surja de forma natural a medida que avanza el lector: si en el mundo existieran tanto Nashers como Kantianos, ¿qué sucedería con la interacción entre individuos de distinto tipo? La respuesta es, obviamente, depende. Si el juego es de coordinación pura, los Kantianos llevan a los Nashers a la extinción. Sin embargo, si el juego no es de coordinación pura, entonces los Kantianos para sobrevivir deben aprender a reconocer el tipo de sus oponentes, o comenzar a castigar a quienes no juegan la acción kantiana para no extinguirse. Por otro lado, si se juegan distintos tipos de juegos, algunos de coordinación y otros competitivos, entonces existirán poblaciones estables donde conviven ambos tipos de individuos.

Como reflexión final, entiendo que este libro debería interesar por tres grandes motivos. El primero de ellos, y el más obvio, es que aborda un tema prácticamente ignorado en la economía con rigurosidad analítica y lo hace con la parsimonia necesaria para que dialogue con cualquier libro de teoría de juegos estándar, lo que a su vez permite, en sus conceptos más elementales, ser explicado sencillamente a estudiantes de economía o al público interesado en general.

El segundo motivo es el carácter explícitamente normativo que toma Roemer al hablar del comportamiento humano. Lejos de esconderse tras los supuestos de sus modelos, plantea directamente al proceso de optimización kantiano como la toma de una acción moral. Esta es, por supuesto, discutible en sí misma, y se podrían sugerir formas diferentes de optimización a partir de esta idea, pero la ventaja que presenta este planteo es la transparencia entre la acción que el modelo sugiere y la ética que gobierna esta recomendación, hecho poco común en la economía.

Por último, se podría pensar que si modelamos la cooperación de forma autárquica, como viene sucediendo en la economía hasta ahora, entonces no tiene mucha relevancia el estudio del individuo en su contexto a la hora de plantear los fundamentos microeconómicos del comportamiento humano, ya que nada importa más allá del beneficio material individual. Ahora, si aceptamos el desafío de Roemer y pensamos en la cooperación como un proceso de optimización diferente a lo que estamos acostumbrados, esto abre la puerta a repensar la concepción del individuo que manejamos como economistas, y cómo se construyen tanto la identidad como la confianza entre individuos, que es, al menos dentro del marco analítico de Roemer, lo que posibilita, en última instancia, la existencia de la cooperación.

 


[1] Esta es una adaptación de la reseña realizada como parte de la evaluación del curso “Objeto y Método en la Economía” de la Maestría en Economía, edición 2019.

[2] Un equilibrio de Nash es una situación en la cual ningún individuo puede mejorar su situación al cambiar su acción de forma unilateral, dadas las acciones de los demás.

[3] Un juego es simétrico si la matriz de pagos es simétrica (por ejemplo, el dilema del prisionero).

[4] El por qué del nombre adoptado por Roemer es evidente, ya que esto es una interpretación natural del imperativo categórico de Immanuel Kant.

[5] Traducciones propias de ‘’common knowledge’’ y ‘’common capacity’’, términos del autor.

 


[i]Roemer, J. E. (2019). How we cooperate: A theory of Kantian optimization. Yale University Press.

La guerra comercial entre China y EE.UU.: ¿Tendrá un impacto en los países de América Latina?

--Adriana Peluffo

Actualmente, China y Estados Unidos (EE.UU.) son los dos actores principales de la economía mundial. Los EE.UU. han mantenido su posición de ser la mayor economía del mundo desde los años setenta del siglo XIX, dado que constituye casi la cuarta parte de la economía mundial, impulsada por una infraestructura y tecnología de avanzada y por la abundancia de recursos naturales.

Por su parte, China ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos decenios, dejando la economía de planificación centralizada y abriéndose al mundo. Ha pasado de ser una economía cerrada a ser un centro de fabricación y exportación a escala mundial, creciendo a una tasa promedio del 10% anual. Recientemente, la tasa de crecimiento se ha reducido, pero sigue siendo alta. A causa de esto, a lo largo de los años la diferencia de tamaño entre la economía china y la estadounidense se ha reducido rápidamente.

Últimamente, la economía mundial ha sido testigo de una serie de disputas entre China y los EE.UU. Las disputas comerciales comenzaron en enero de 2018 cuando los EE.UU. impusieron aranceles de salvaguardia a grandes lavadoras residenciales, células y módulos solares. Esto dio lugar a una guerra comercial entre estas economías, lo que provocó nuevas represalias y amenazas de mayores aumentos de aranceles, e intensificó la tensión entre China y los EE.UU.

¿Cuáles son las causas de la guerra comercial entre China y los EE.UU?

Las guerras comerciales no son nuevas. Además de China, los Estados Unidos también han entablado guerras comerciales con Japón y la Unión Europea (UE), las cuales se resolvieron pacíficamente mediante negociaciones bilaterales.

Por lo general, las verdaderas razones de una guerra comercial no son sólo económicas sino que también hay razones políticas como la lucha por el poder económico entre los países. Entre las razones económicas de EE.UU. están su propio dominio del mundo, los déficit comerciales debidos al comercio con China y la pérdida de puestos de trabajo que se concentraban en algunos sectores y lugares de EE.UU.

El desequilibrio comercial ha sido durante mucho tiempo la raíz de las crisis de la deuda nacional de EE.UU., así como del descontento público en el país, lo que ha motivado al gobierno a emprender una guerra comercial contra China.

Otra razón de la actual guerra comercial puede estar en el sistema político americano.

En los EE.UU. hay elecciones intermedias donde los votantes eligen a los miembros del Congreso. Las elecciones intermedias celebradas en noviembre de 2018 dieron al presidente en ejercicio Donald Trump incentivos a adoptar políticas radicales para atraer a sus seguidores. Dado que una de las principales promesas de Trump durante su campaña electoral fue resolver el problema del déficit comercial, la guerra comercial entre China y los EE.UU. parece ser un paso oportuno y lógico de su partido político en las elecciones de mitad de período.

Por último, otra razón es la batalla por el dominio económico mundial. Hoy en día China es el segundo productor mundial, y el PIB de China es mayor que el de los EE.UU. en términos de paridad de poder adquisitivo. La importancia de la moneda china -el renmimbi o yuan chino- ha ido aumentando y los planes estratégicos de China reforzado su imagen, constituyendo una amenaza a la posición dominante de los Estados Unidos. Por lo tanto, la guerra comercial entre China y EE.UU. también tiene como razón la competencia por el dominio económico entre las dos naciones.

¿Cuáles son los efectos económicos de una guerra comercial?

Hay varios estudios que analizan el impacto de la guerra comercial entre EE.UU. y China. Éstos analizan el impacto de la guerra comercial en diferentes aspectos (PIB, bienestar, empleo, comercio), utilizando diversas metodologías e instrumentos (barreras arancelarias y no arancelarias, con y sin represalias, etc.), y distintos escenarios económicos. Todos estos trabajos encuentran un deterioro en los EE.UU. y China, así como en el mundo, debido a esta guerra comercial.

Es más, hay quien sugiere que la guerra comercial entre China y Estados Unidos podría evolucionar eventualmente hacia una nueva Guerra Fría, lo que afectaría la estabilidad del entorno político y económico a nivel mundial. Esto arroja dudas sobre el futuro del comercio y la globalización.

Relaciones entre China y los países de América Latina y el Caribe (ALC)

Hay algunos estudios sobre la creciente relación entre China y los países de América Latina y el Caribe. Desde el punto de vista de China, este país tiene que internacionalizar su estrategia de desarrollo para compensar su déficit de recursos naturales, alimentar a la mayor población del mundo y promover el crecimiento para convertirse en la mayor economía del mundo.

En 2001 China ingresó en la Organización Mundial del Comercio. Este país tiene una gran demanda de cobre, petróleo crudo, mineral de hierro, soja y harina de pescado; desde 2003 hasta 2013 el precio unitario de estos bienes aumentó en casi tres veces. Los países de ALC que son abundantes en estos recursos naturales, como Argentina, Brasil, Chile y Perú, venden directamente a China. Por otro lado, países como México, que vende la mayor parte de sus exportaciones de productos básicos a los EE.UU. y otros mercados, también se beneficiaron indirectamente del auge de los precios de los productos básicos impulsado por China.

La tasa de crecimiento anual de China fue de 9-10 % durante casi 30 años, y desde 2013 se redujo a 6-7 %. En lo que respecta al comercio entre China y ALC, éste aumentó 20 veces entre 2000 y 2016. En 2016 China representaba el 9% de las exportaciones de ALC y el 16% de sus importaciones.

Además, durante este período los flujos de IED de China en ALC fueron de 113.600 millones de dólares.

Sin embargo, los vínculos entre China y ALC en la década de 2000 tienen el peligro –como lo señala la escuela de la neo-dependencia– de un "intercambio desigual" y la "maldición de los recursos naturales". El intercambio desigual se refiere a la dependencia de los países de ALC de las exportaciones de productos primarios –que también están más expuestos a las variaciones cíclicas de los precios– y de las importaciones de productos manufacturados con precios en constante aumento. Por otro lado, la "maldición de los recursos" se refiere a la dependencia de un país de la exportación de un producto básico a expensas del sector industrial.

Hoy en día, China es un país con abundancia de capital que persigue un modelo de desarrollo basado en las exportaciones. La mano de obra barata y los tipos de cambio infravalorados son cosa del pasado.

Los países más pequeños de ALC (Chile, Costa Rica y Perú) experimentaron mayores tasas de crecimiento y formación de capital que sus vecinos más grandes y más industrializados (Argentina y Brasil) desde el comienzo del milenio.

Las tres economías pequeñas emprendieron reformas institucionales que incluyeron no sólo aspectos macroeconómicos, comerciales, fiscales monetarias y de desempeño institucional. Estos tres países firmaron acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos y China. Por el contrario, en Argentina y Brasil las instituciones se deterioraron, en un contexto de corrupción y recesión y políticas neo-proteccionistas. En resumen, el período posterior al boom ha mostrado la necesidad de realizar reformas considerables por parte de la mayoría de los países de ALC. Para la mayoría de estos países de ALC, la actualización tecnológica, la educación de alta calidad, la diversificación significativa del comercio con China, la apuesta por procesos fuertes de integración regional y la fuerte inversión en infraestructura física son las claves estructurales para un crecimiento dinámico a largo plazo.

Así pues, se ha producido crecimiento en el Sur liderado por el auge de los productos básicos encabezado por China, con importantes diferencias entre los países de nuestra región. No obstante, a medida que la demanda de China se desvanece, es más apremiante que los países latinoamericanos mejoren su capital humano y físico, así como su capacidad tecnológica y su entorno empresarial.

Actualmente, es difícil predecir la evolución de este conflicto, excepto por la alta probabilidad de que tenga efectos duraderos. La reducción de la confianza entre los Estados Unidos y China podría dar lugar a pérdidas económicas persistentes, incluso si se logra un final negociado de la guerra comercial. La reconstrucción de la confianza lleva tiempo y, hasta que se restablezca la confianza, los costos de la incertidumbre de esta guerra comercial permanecerán y afectarán a los países de América Latina y el Caribe, que deberán mejorar sus capacidades, así como al resto del mundo.


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Consumo de alimentos en Uruguay (1900-1970): metodología y fuentes para la elaboración de series de consumo aparente

--Maximiliano Presa y Carolina Román

 

¿Por qué es relevante el tema?

Conocer la alimentación de la población nos permite, entre tantos otros fines, acercarnos a identificar otra dimensión del nivel de vida de una sociedad y como éste cambia en el tiempo. Habitualmente, al analizar históricamente los niveles de vida, se recurre a medidas monetarias como el Producto Interno Bruto (PIB) por persona, cuya mayor ventaja probablemente sea la posibilidad de comparación -luego de aplicar ajustes a las unidades de medidas- entre países a lo largo del tiempo (aunque la comparabilidad de esta variable no está ajena de limitaciones y restricciones). Otras medidas complementarias, como el Índice de Desarrollo Humano (IDH), procuran captar dimensiones que hacen al bienestar de las personas, incorporando la salud, educación y equidad en sus versiones más recientes.

Por otra parte, en el campo de la Historia Económica, ha ganado importancia otro conjunto de mediciones del bienestar, cuya ventaja radica en la posibilidad de abarcar períodos de tiempo más largos y realizar comparaciones internacionales. Dentro de éstas, se encuentran los indicadores biológicos. Estos incluyen a la antropometría, que estudia la evolución de la altura de las personas en base a registros escritos, normalmente de algún segmento determinado de la población; y los estudios sobre la disponibilidad y el consumo de nutrientes en una sociedad. En relación con este último aspecto se encuentran diversos trabajos internacionales (como los de Roderick Floud, Robert Fogel, entre tantos otros) que dan cuenta de la evolución a lo largo del tiempo del nivel de vida de un conjunto de sociedades atendiendo al aspecto nutritivo. Las mediciones de consumo de alimentos toman en consideración tanto las cantidades consumidas como la composición de las dietas alimenticias, en el entendido de que no solo es importante para analizar el bienestar el consumo de calorías, sino, también, el balance de los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) y de otros nutrientes (vitaminas y minerales, por ejemplo).

En el caso de Uruguay, contamos con estimaciones históricas de dimensiones tales como el PIB per cápita, los salarios reales, el IDH, pero aún tenemos mucho por conocer sobre las condiciones biológicas de la población. 

¿Cuál es el objetivo del trabajo?

En el trabajo titulado “Consumo de alimentos en Uruguay (1900-1970): metodología y fuentes para la elaboración de series de consumo aparente” se describe la construcción de series de consumo aparente de algunos alimentos entre 1900 y 1970, que intenta sentar las bases de una interpretación de la evolución del nivel de vida uruguayo desde otra perspectiva: la de los niveles y la composición de la dieta alimenticia de la población. Si bien en el trabajo, por la metodología utilizada, nos aproximamos al consumo promedio de la población, también procuramos conocer las características de los consumos en distintos ámbitos, distinguiendo entre Montevideo e Interior, y entre consumo urbano y rural.

Metodología y datos utilizados

La metodología utilizada consistió en aplicar el enfoque de flujo de mercancías y los criterios de construcción de las hojas de balance alimenticio de la FAO.

Se seleccionó un conjunto de alimentos característicos de la dieta uruguaya: carne (vacuna, ovina y porcina), harina de trigo y sus derivados (panificados, fideos, etc.), leche fresca y tubérculos (papas y boniatos). En total, esta muestra representa el 85% del gasto en alimentos en Montevideo en 1914, mientras que en 1937 esa proporción es del 61% y, en 1962, es de 46%, lo que muestra un proceso de diversificación en el consumo. Luego, se construyeron series anuales de consumo aparente de estos alimentos entre 1900 y 1970. El término “consumo aparente” se refiere a la forma utilizada para calcularlo: ésta toma para cada alimento las cantidades producidas anualmente en el territorio nacional, suma las importaciones y resta las exportaciones, así como las pérdidas debidas a los procesos de almacenaje y transporte, dando cuenta de las cantidades acumuladas en el período de referencia y anteriores. Las series fueron elaboradas a partir de información disponible en varias fuentes primarias y secundarias, así como consultas a expertos. El consumo está expresado en cantidades físicas y en términos per cápita.

Principales resultados

Las series obtenidas indican como resultado principal el aumento general de las cantidades consumidas en los alimentos de la muestra hasta fines de los años cincuenta, así como cierta diversificación en la dieta que se evidencia en el mayor crecimiento de los tubérculos y la leche fresca en comparación a las carnes -especialmente bovina- y la harina de trigo y sus derivados. Las carnes y la harina ya eran productos consolidados en la dieta uruguaya a principios de siglo, y el crecimiento de su consumo por persona fue de muy leve a moderado. Uruguay inicia el siglo XX con altos niveles de consumo aparente de carne -especialmente bovina- y lácteos, en comparación internacional y regional, rasgo que ha sido constatado y resaltado por investigaciones previas.

En particular, el crecimiento del consumo de leche fresca estuvo marcado por la extensión del proceso de pasteurización hasta la creación de CONAPROLE en 1937, mientras que experimentó un importante salto a fines de los años cuarenta debido, principalmente, a la regulación de su precio. Por el lado de los tubérculos, su crecimiento se puede asociar al crecimiento general de las actividades agrícolas en Uruguay, proceso que tuvo su auge en las décadas de 1910 y 1920 y posteriormente en la década de 1950. Por su parte, la evolución de las carnes muestra un mayor consumo relativo de carne vacuna en Montevideo que en el Interior, en donde predominaba el de carne ovina. Además, el abastecimiento de carne vacuna se vio resentido por la coyuntura internacional durante las Guerras Mundiales y por situaciones puntuales asociadas a condiciones climáticas (inundaciones de 1959, por ejemplo).

Conclusiones

Como conclusión, se tiene que las series presentadas, si bien abarcan una proporción progresivamente menor del gasto en alimentos, permiten captar la evolución global de su consumo en Uruguay durante una buena parte del siglo XX. De esta forma, se ofrece una visión complementaria sobre los niveles de vida de la sociedad, que permite comparar no solo momentos a lo largo del tiempo sino, también, entre distintos países.

La diversificación de la alimentación durante el periodo podría explicarse por diversos cambios en los factores explicativos de la demanda de alimentos: cambios en los ingresos, en los precios relativos, o en las preferencias -a raíz de la urbanización, por ejemplo. En particular, resulta de interés indagar cómo los cambios en el ingreso per cápita y en los precios relativos (por ejemplo, el encarecimiento relativo de la carne bovina) que ocurren luego del estancamiento económico y durante la década de 1960, afectaron las pautas de consumo de la población. Sobre estos diversos aspectos profundizaremos en próximas etapas de nuestra investigación. 

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Reseña de "El Negacionismo Económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología"

--Leticia Correa

Reseña de El Negacionismo Económico. Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología[i]

Pierre Cahuc y André Zylberberg han publicado juntos un gran número de libros y artículos, la mayoría de ellos sobre Economía Laboral. El Negacionismo Económico es el primero que se traduce al español y el que más polémica ha despertado. Como el propio título lo ilustra, se trata de un manifiesto contra economistas, pero también intelectuales, medios de comunicación, empresarios, y todos aquellos que, por diversos motivos -principalmente su ideología- niegan el hecho de que la economía se ha convertido en una ciencia experimental y, como tal, tiene mucho que enseñarnos. A través de siete capítulos los autores intentan desenmascarar «falsas verdades» que diversas personalidades del ámbito público o académico afirman sin tener evidencia científica que las respalde.

La economía como ciencia experimental

Uno de los puntos del libro que ha despertado debate es la afirmación de que la economía ha alcanzado el estatus científico de las ciencias exactas. Al respecto, una reseña publicada en el sitio elconfidencial.com, denominada Hay un libro de economía que está sacudiendo Francia, y es infame[ii], señala que la tesis de Cahuc y Zylberberg «es peligrosa por varios motivos. El primero es que describen la economía como una ciencia exacta, algo que dista mucho de ser. La economía no es equiparable a la física, por razones obvias, y ponerla a la misma altura es otorgar a la disciplina una precisión de la que carece. […] En segundo lugar, no solo están igualando la economía a una ciencia exacta, sino que lo que equiparan no es la disciplina, sino una de sus versiones, la neoclásica».

Aunque entendibles en algún punto, estas críticas desvían el foco de lo que, a mi entender, los autores realmente quieren expresar: la economía ha avanzado tanto en las últimas tres décadas que se ha convertido en una ciencia experimental, que, al igual que la medicina, compara grupos experimentales a los que se aplican determinadas medidas, con grupos de control, a los que no se les han aplicado. A su vez, los resultados obtenidos en estos experimentos son publicados en revistas científicas, pero no sin antes someterse a un estricto control por parte de expertos en la materia. Entonces, la economía es una ciencia como las demás por cuanto produce conocimiento siguiendo el método científico.

La retórica negacionista y sus tres pilares

A lo largo de los capítulos, los autores van exponiendo los tres pilares en que se basa la retórica negacionista:

  1. El ethos o la condición del que habla
  2. Movilizar el pathos o señalar chivos expiatorios
  3. El logos o el arte de construir el razonamiento

Aquí destacan el intelectual comprometido y el gran empresario. Los dos primeros capítulos del libro intentan mostrar cómo estas dos figuras utilizan su «autoridad moral» para desacreditar el conocimiento científico.

En el primer capítulo, Los falsos científicos, se exponen distintas personalidades, como los «filósofos anticapitalistas» o los «economistas aterrados», como ejemplos claros de negacionismo. Todos ellos denuncian una ciencia económica ortodoxa al servicio del liberalismo, que no defiende más que lo intereses de la clase dominante y rica, por lo que, según su lógica, utilizar esa ciencia para mejorar la situación de quienes no forman parte de la clase dominante no tiene sentido. Según los autores del libro, este discurso es un perfecto ejemplo de negacionismo económico, porque ignora completamente el hecho de que una de las ramas más importantes de la ciencia económica es justamente la evaluación de los costes sociales de las políticas.

El segundo capítulo intenta mostrar que las recetas que recomiendan que, para que el sector industrial vuelva a ser el motor de crecimiento de la economía francesa, el Estado debe ser el arquitecto de una verdadera política industrial que subvencione la creación de sectores punteros, protegiéndolos de la competencia, no tienen fundamento alguno. Los que están detrás de estas recetas son los grandes patronos que alegan defender el empleo y la competitividad en beneficio de todo el país, cuando en realidad lo que quieren es preservar o aumentar su porción de mercado.

En economía, las finanzas y el Estado son dos chivos expiatorios por excelencia. Los capítulos tercero y cuarto muestran cómo la mayoría de los políticos, así como los economistas «heterodoxos» y otras figuras, infunden la idea de que las actividades de las finanzas y el Estado son perjudiciales para la población, lo cual es opuesto a lo que muestra el análisis económico.

En el capítulo Mis queridas finanzas encontramos un claro ejemplo de cómo una adecuada [des]regulación del mercado financiero tiene efectos positivos en el empleo y el crecimiento. En efecto, la reforma del sistema bancario francés en 1985 generó una redistribución de los recursos entre las mejores empresas, haciendo que las empresas más rentables crecieran más y las menos rentables empequeñecieran, y fomentando la entrada de nuevas empresas. Sin embargo, los «economistas aterrados» en su Manifiesto rechazan estas conclusiones, basados en un razonamiento que a priori no es incoherente, pero que no está basado en ningún estudio. Rechazar las conclusiones de numerosos estudios sin presentar estudios alternativos comparables en cuanto a la validación de los resultados es, dicen Cahuc y Zylberberg, otra forma de negacionismo.

Por otra parte, el cuarto capítulo del libro abre un debate sobre una temática que en Uruguay está muy presente: el sistema impositivo. «¿De verdad pagamos muchos impuestos?», «¿acaso los impuestos son tan perjudiciales para la actividad económica que justifican la existencia de nichos fiscales de todo tipo?» son las preguntas que se hacen los autores en este apartado, y la respuesta es no. Denunciar los impuestos ha sido y es una constante de los grupos de presión, que no cesan de reclamar nuevas exenciones fiscales; y si bien es cierto que las subas de impuestos tienen un efecto negativo en el crecimiento, efecto incluso nada despreciable, eso no quiere decir que los impuestos deban suprimirse.

El discurso negacionista se presenta como un razonamiento lógico, perfectamente estructurado y capaz de responder a todas las objeciones. Según Cahuc y Zylberberg, en economía este lugar fue ocupado durante mucho tiempo por el marxismo, y actualmente lo ocupan la doctrina keynesiana y la malthusiana. Éstas últimas son expuestas en el quinto y sexto capítulo del libro. Allí se muestra que las investigaciones recientes indican que estas recetas funcionan a veces, pero no siempre.

En efecto, los estudios expuestos en el capítulo cinco muestran que «el incremento del gasto público no es una panacea que funcione en todas las circunstancias. En particular, para que funcione, el tejido económico debe tener capacidad de reacción». Disfunciones del mercado financiero, laboral y de consumo, mala gestión pública, clientelismo político y corrupción son algunos de los factores que obstaculizan el éxito de las políticas keynesianas. ¿Cómo se explica entonces el apoyo incondicional a los remedios keynesianos por parte de la clase política y del conjunto de los economistas heterodoxos? La razón es sencilla dicen Cahuc y Zylberberg: los remedios keynesianos parecen indoloros y universales. No hay nada que cambiar en el funcionamiento de la economía, basta con aumentar el gasto público para que todo vaya mejor. Sin embargo, estos remedios no siempre hacen efecto.

En el capítulo Malthus y la angustia de la escasez, Cahuc y Zulberberg exponen diversos estudios basados en experimentos que han demostrado que la lógica malthusiana no se aplica en toda circunstancia y lugar. En realidad, sólo es válida cuando la agricultura desempeña un papel de primer orden. No obstante, el pensamiento malthusiano sigue siendo muy influyente, incluso dominante, a la hora de discurrir remedios para una situación de escasez, como por ejemplo la escasez de empleos. En este sentido, la idea según la cual la llegada de inmigrantes reduce el salario y las perspectivas de empleo de los residentes sigue directamente la lógica malthusiana. Ahora bien, según lo expuesto en el capítulo seis, todos los estudios sobre inmigración basados en planteamientos experimentales refutan las explicaciones y soluciones malthusianas.

Otra idea para reducir el desempleo que emparenta con la doctrina malthusiana es la de compartir el trabajo, por ejemplo, adelantando la edad de jubilación. Este adelanto conlleva un alto costo para los contribuyentes, que sólo se justifica si al mismo tiempo facilita el acceso de los jóvenes al empleo. Sin embargo, ningún estudio apoya esa idea. Quienes afirman lo contrario sin basarse en ningún análisis experimental están ejerciendo el negacionismo económico.

Reflexión final

«El negacionismo económico» es un libro que en ciento cuarenta páginas logra explicar con claridad su tesis, y lo hace utilizando sobrados ejemplos, tanto de la escena francesa como del ámbito internacional. Muchas de sus afirmaciones han generado controversia y en algunos casos rechazo absoluto. Hay quienes lo acusan de defender el neoliberalismo y de tener una postura arrogante y cerrada a nuevos enfoques. Sin embargo, si uno logra desprenderse de toda ideología puede comprender el mensaje: no se puede cambiar la sociedad sin tener en cuenta el conocimiento producido por el proceso científico, y eso va más allá de cualquier doctrina.

Independientemente del debate que pueda generar, es un libro que lleva inexorablemente al cuestionamiento y la reflexión, no sólo en lo referido a cuestiones de la ciencia económica, sino de la vida en general. Luego de leerlo, resulta muy difícil no cuestionarse cuántas afirmaciones que se hacen en los medios de comunicación están verdaderamente respaldadas por evidencia suficiente. ¿Cuántos de los políticos, periodistas o asesores que vemos, escuchamos o leemos a diario ejercen el negacionismo y muchos de nosotros ni enterados? Lo bueno es que ahora tenemos más herramientas para desenmascararlos.

Referencias

 


[i] Cahuc, P., & Zylberberg, A. (2018). El negacionismo económico: Un manifiesto contra los economistas secuestrados por su ideología. Deusto.

[ii]https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2016-09-21/libro-economia-francia-infame_1262945/

Reseña de “Complex Economics: Individual and Collective Rationality”

--Federico Caporale

Motivado por la crisis financiera global desatada hace algo más de una década y por la falla de los modelos económicos tradicionales a la hora de predecirla, Alan Kirman, con su libro Complex Economics: Individual and Collective Rationality (2010), realiza un importante aporte a la discusión sobre la forma en que los individuos son considerados en la modelización económica.

La principal crítica que el autor realiza a la teoría mainstream es su asunción de que los individuos actúan de forma aislada, interactuando entre ellos únicamente por intermedio del sistema de precios. Esto, junto a los axiomas de racionalidad impuestos sobre las preferencias de los individuos, facilita el abordaje del comportamiento a nivel agregado, ya que permite que este sea visto como la simple suma de los comportamientos individuales, o que resulte válida la adopción de un agente representativo que facilite la resolución de los modelos. Por el contrario, dado que existe evidencia que cuestiona los axiomas de racionalidad –proveniente principalmente de la economía del comportamiento-, que las capacidades de razonamiento de los individuos no son infinitas y que los agentes económicos no actúan de forma aislada, Kirman sugiere avanzar hacia una modelización que tenga como “motor central de la economía” a la interacción y la interdependencia entre los agentes, pasando a entender la economía como un sistema complejo, interactivo y adaptativo, que tenga en cuenta la importancia que tienen el contagio, la interdependencia, la interacción, las redes y la confianza que existen entre los individuos. El autor se encuentra a favor de una modelización que considere que los agentes tienen capacidades de razonamiento limitadas, por las cuales en lugar de tomar sus decisiones optimizando lo hacen de forma adaptativa, y que además actúan en un entorno limitado, recibiendo la mayoría de la información necesaria para la toma de decisiones de parte de los individuos con los que interactúan.

Una de las principales interrogantes que surge en este punto es si las propiedades deseables a nivel agregado pueden ser alcanzadas si se abandona a los individuos perfectamente racionales que actúan de forma aislada y se pasa a considerar a agentes racionalmente limitados que interactúan entre sí. Ante esta interrogante, Kirman responde afirmativamente, y muestra, mediante varios ejemplos reales, cómo la agregación de individuos que presentan reglas de comportamiento simples y diferentes entre sí puede derivar en un comportamiento agregado sofisticado.

El primer ejemplo que plantea Kirman son los mercados de pescado de Marsella (Francia) y Ancona (Italia). En el primero, las transacciones ocurren en pareja y los precios no son publicados, mientras que el segundo se organiza en base a subastas, sin interacción personal entre compradores y vendedores. En ambos, Kirman encuentra que no existe una relación clara entre precios y cantidades transadas a nivel individual. Sin embargo, a pesar de que los mercados se organizan de forma totalmente diferente, algún tipo de coordinación emerge, encontrándose en ambos una relación agregada negativa entre precio y cantidad, propiedad estándar esperada para una función de demanda. Esta propiedad agregada emerge de la interacción entre los individuos, y no del comportamiento a nivel individual.

El siguiente ejemplo se centra en las dificultades que presenta la teoría económica para explicar los grandes puntos de inflexión que presentan las series financieras. Según argumenta, estas dificultades se deben a que, al no incluir la comunicación, interacción y comercio que existe entre los individuos, la teoría estándar explica los cambios de tendencia como consecuencia de un cambio real, una modificación en los fundamentos de la economía que alteró la senda de equilibrio. En cambio, un modelo que tenga en cuenta la interrelación existente entre los individuos tendría mayor facilidad para explicar estos cambios abruptos en el sector financiero, puesto que los interpretaría como reflejos de un proceso endógeno y no como consecuencia de un shock exógeno que cambió repentinamente los fundamentos económicos.

El tercer ejemplo considerado por Kirman es un caso de provisión de bienes públicos. Si bien en la aproximación tradicional, la teoría de juegos, los individuos reconocen que el comportamiento de los demás tiene consecuencias sobre el resultado propio, se señala como problemático el hecho de que los jugadores siguen reglas nada simples al interactuar, como la de “conocimiento común”: la lógica infinita de que un individuo sabe que el otro es racional, sabe que el otro sabe que él también lo es, y así sucesivamente. Así, Kirman impulsa nuevamente la idea de que la coordinación es un fenómeno que emerge de la interacción entre los individuos, en lugar de surgir de su sofisticado poder de razonamiento. En el juego repetido una cantidad finita de veces que se presenta, el equilibrio de Nash no es único, aunque todos ellos requieren de idéntica suma total de contribuciones. El resultado al que se arriba se encuentra alineado a su idea de coordinación como fenómeno emergente, ya que, si bien a medida que aumenta el número de repeticiones del juego se tiende hacia el equilibrio de Nash a nivel agregado, esto no sucede ni a nivel individual ni a nivel de subgrupos. Nuevamente, el resultado encontrado señala que observar un comportamiento agregado “adecuado” no permite concluir que los mismos fueron originados por comportamientos similares a nivel individual.

Finalmente, el último ejemplo planteado es un modelo de segregación residencial. Mediante el mismo, también se halla que lo que ocurre a nivel macroeconómico puede no reflejar lo que sucede a nivel individual. En este caso, el autor encuentra que preferencias individuales muy leves por tener vecinos de igual etnia pueden derivar en segregación total a nivel agregado, es decir, la interacción entre los individuos deriva en un resultado agregado no intencional.

Los cuatro ejemplos presentados por Kirman muestran resultados agregados complejos que difícilmente podrían ser interpretados mediante modelos que ignorasen las redes existentes entre los individuos, como lo son aquellos que consideran un agente representativo. A pesar de que actualmente este tipo de modelización se encuentra bastante extendido, Hands (2016) explica que esto no fue históricamente así, sino que rara vez se modelaba de esta forma. Dicho autor cita a Arrow (1986), quien argumenta que la consideración de un agente representativo es extremadamente peligrosa, ya que rechaza una asunción fundamental de la economía como las ganancias del comercio consecuencia de las diferencias individuales, además de ignorar aspectos importantes como la distribución del ingreso.

Para finalizar, quisiera destacar algunos aspectos señalados por Kirman en Complex Economics que considero relevantes. Como afirma el autor en varios pasajes del libro, los temas abordados no son nuevos; la importancia de la interacción entre los agentes ha sido tenida en cuenta tanto en economía como en otras ramas de conocimiento. A pesar de esto, señala que no es algo aceptado ampliamente en economía, y que el desarrollo de modelos que incorporen dichos aspectos no es sencillo, tanto porque hasta el momento no existe un paradigma que pueda rivalizar con el actual en términos de completitud y elegancia, como por un componente de inercia asociado al conocimiento sobre el desarrollo y resolución de los modelos actuales, así como el intento de preservar un sistema de formalismos matemáticos intensamente desarrollado. Esto no quita, sin embargo, que los temas abordados en el libro no sean de relevancia, siendo probable que puedan llegar a influir de fuerte manera sobre la modelización económica en un futuro.

 

La versión completa de la reseña puede descargarse aquí.

Referencias:

Hands, D.W (2016). Conundrums of the Representative Agent, mimeo, Department of Economics, University of Puget Sound.

Kirman, A. (2010). Complex Economics: Individual and Collective Rationality. The Graz Schumpeter Lectures. Disponible en: http://www.vcharite.univ-mrs.fr/~nobi/book.pdf

La evolución reciente de la desigualdad en Uruguay entre 2009 y 2016: distribución del ingreso y patrones de movilidad

--Gabriel Burdín, Mauricio De Rosa, Andrea Vigorito y Joan Vilá

 

 

La evolución reciente de la desigualdad en Uruguay entre 2009 y 2016: distribución del ingreso y patrones de movilidad[1]

 

A diferencia de las restantes regiones del mundo, muchos estudios muestran que en los primeros quince años de este siglo, la mayoría de los países latinoamericanos experimentaron reducciones sustanciales en la pobreza monetaria y en la desigualdad de ingresos personales. Esta disminución fue muy rápida en 2000-2010, continuó a un ritmo más lento en los cinco años siguientes y, en la mayoría de los casos, llegó a su fin alrededor de 2015 (Gasparini et al., 2018). Sin embargo, pese a las mejoras recientes, la concentración de ingresos en América Latina sigue siendo muy alta en comparación con la mayoría de las regiones del mundo. Así, la interacción entre el crecimiento económico y la redistribución, así como las rutas y las políticas públicas necesarias para promover una menor desigualdad y sostener los logros actuales constituyen un debate público y académico abierto.

La mayor parte de las investigaciones sobre las tendencias recientes de desigualdad en América Latina se ha basado en información de encuestas de hogares. Al igual que en el resto del mundo, estos datos permiten realizar estimaciones precisas de los ingresos de los estratos de bajos, medios y medio-altos, pero presentan una cobertura insuficiente de la parte superior de la distribución, debido a problemas de subdeclaración y subcaptación, particularmente en el caso de las rentas provenientes del capital.

En este sentido, los resultados de las investigaciones sobre los grupos de altos ingresos, basadas en declaraciones de impuestos, han revitalizado la discusión sobre la validez de los datos de encuestas para proporcionar estimaciones precisas de la desigualdad (Alvaredo et al., 2013). Las estimaciones basadas en registros tributarios sobre la participación de los cuantiles altos (1% superior y sectores aún más pequeños) en la renta personal para Argentina, Brasil, Chile y Colombia plantean dudas sobre la magnitud de la reciente reducción de la desigualdad. En algunos casos, también llegan a cuestionarse las tendencias (Alvaredo y Londoño, 2014; Morgan, 2017). Estos hallazgos sugieren que las conclusiones pueden ser muy sensibles a la fuente de datos, la medida de desigualdad utilizada, la unidad de análisis y la definición de ingresos considerados. Si bien podría parecer un aspecto menor, esta discusión tiene consecuencias fuertes para las valoraciones del potencial carácter igualador del crecimiento económico reciente y las políticas redistributivas implementadas.

Para contribuir a este debate, en este trabajo se analiza la evolución de la desigualdad entre los perceptores de ingresos primarios en Uruguay para 2009-2016.[2] Basándonos en la metodología propuesta por Atkinson (2007), estimamos la participación de los perceptores de ingresos altos e índices de desigualdad sintéticos (Gini y Theil) a partir de datos fiscales y encuestas de hogares armonizadas. Al mismo tiempo, para explorar el alcance y la profundidad de la redistribución, exploramos la persistencia de las personas en las distintas posiciones a lo largo de la distribución del ingreso, particularmente enfocándonos en los sectores de altos ingresos.

El estudio se basó en microdatos provenientes de registros administrativos de los impuestos a la renta (IRPF y IASS) desidentificados, proporcionados por la Dirección General Impositiva (DGI) para 2009-2016. La información incluye al universo de los trabajadores formales y jubilados (aun cuando sus ingresos se ubiquen por debajo del mínimo no imponible del IRPF e IASS) y a quienes perciben ingresos, cubriendo así alrededor del 75% de la población adulta de 20 años o más. Ésta fue complementada con datos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH) para incorporar a la población adulta con ingresos informales o sin ingresos, de modo de dar cuenta del total de la población de 20 o más años.

Nuestros hallazgos sugieren que, entre 2009 y 2016, los índices de Gini y Theil se redujeron, con independencia de la bases informacionales consideradas (Figura 1). La caída de la desigualdad se verificó entre 2009 y 2013 y posteriormente permaneció incambiada. Estos resultados se mantienen antes y después de impuestos, con una caída más leve en los registros de impuestos que en las encuestas de hogares armonizadas.[3] Sin embargo, los patrones de reducción fueron diferentes en cada caso: mientras que en los registros tributarios cayeron dentro del 99 % inferior, compensando el aumento de la concentración en la parte superior, las estimaciones basadas en las ECH indican que la mayor reducción de la desigualdad ocurrió en el tramo superior de la distribución. Esta divergencia se traduce, también, en las tendencias en la apropiación de ingresos del 1% superior. Mientras que en las encuestas de hogares armonizadas se observa una marcada reducción a lo largo del período (de 11,5 a 8,4%), las estimaciones basadas en registros impositivos se mantuvieron estables alrededor del 15% en 2009-2014 y las estimaciones puntuales crecieron después, aun cuando el aumento no resultó estadísticamente significativo. Esto sugiere que las ECH podrían lograr una mejor cobertura de los estratos altos con un muestreo complementario con datos administrativos de los sectores altos, tal como se realiza en otros países.

 

Figura 1. Evolución de la desigualdad en Uruguay según indicador y fuente de datos

Grafico top incomes

Fuente: elaborado en base a las ECH del INE, Proyecciones de población y registros tributarios desidentificados de DGI.

Nota: Los detalles de estas estimaciones pueden consultarse en Burdín et al. (2019). En el panel a) se grafica el índice de Gini con datos de ECH y DGI. La línea más larga (ECH ingreso hogar) corresponde al ingreso per cápita de los hogares, habitualmente utilizado para realizar mediciones de desigualdad. Las restantes líneas analizan exclusivamente personas de 20 años y más en base a ECH y a datos de DGI.

El análisis de los patrones de movilidad en la distribución del ingreso indica una fuerte estabilidad en las posiciones de partida, ubicada en el entorno del 60%. Se observa una movilidad levemente mayor en el período de caída de la desigualdad. A la vez, las posiciones en el 1% superior alcanzaron tasas de persistencia promedio cercanas a 80%. Estos resultados son similares a las estimaciones obtenidas por otros estudios para el caso de Alemania. Por último, en base a la comparación de índices sintéticos anuales y agregados para todo el período, se concluyó que, en el lapso considerado, la movilidad de ingresos tuvo un efecto muy moderado sobre la desigualdad.

 

Click aquí para acceder al Documento de Trabajo.

Créditos de imagen de portada: Golfodemar

Referencias bibliográficas

Alvaredo, F., Atkinson, A. B., Piketty, T., and Saez, E. (2013). The top 1 percent in international and historical perspective. Journal of Economic Perspectives, 27(3):3–20

Alvaredo, F. and Londoño Velez, J. (2014). High income and income tax in Colombia, 1993-2010. Revista de Economía Institucional, 16(31):157–194.

Atkinson, A. B. (2007). Measuring top incomes: methodological issues. Top incomes over the twentieth century: A contrast between continental European and English-speaking countries, 1:18–42.

Gasparini, L., Bracco, J., Galeano, L., and Pistorio, M. (2018). Desigualdad en países en desarrollo: ¿ajustando las expectativas? Documentos de Trabajo del CEDLAS.

Morgan, M. (2017). Extreme and persistent inequality: New evidence for Brazil combining national accounts, surveys and fiscal data, 2001-2015. World Inequality Database (WID. org) Working Paper Series, 12:1–50.

 


[1] Esta entrada reseña las principales conclusiones de un trabajo más extenso publicado en la serie de documentos de trabajo del Instituto de Economía (Was falling inequality in all Latin American countries a data-driven illusion? Income distribution and mobility patterns in Uruguay 2009-2016. Serie de Documentos de Trabajo IECON 30/19.) 

[2] Este concepto de ingreso comprende remuneraciones al trabajo, capital y jubilaciones. A diferencia de los estudios realizados con encuestas de hogares, se trabaja con personas y no con hogares, debido a que no es posible reconstruir éstos últimos en base a la información tributaria utilizada.

[3] La ECH se armonizó de modo de considerar población e ingresos comparables entre ambas fuentes.

Aportes y análisis en tiempos de coronavirus

--Departamento de Economía

 

 

Serie de comunicaciones del Instituto de Economía: "Aportes y análisis en tiempos de coronavirus"  

 

El objetivo de esta serie de contribuciones al blog del Departamento de Economía es promover la discusión pública sobre el análisis de la situación económica del país y de las políticas necesarias para mitigar el impacto económico y social de la expansión del Coronavirus COVID-19 en Uruguay, sumándose, así, a otras iniciativas.

En todos los escenarios posibles, la caída de la actividad económica es un hecho y la forma de mitigar su impacto sobre los sectores más vulnerables de la sociedad debería guiar el diseño de las políticas que se adopten en los próximos días.

 

Pueden encontrar aquí los distintos artículos de la serie:

 

- 06/05/2020: COVID y disparidades de género en cuidados en la primera infancia.

  Autores: Luciana Méndez y Guillermo Sánchez

- 02/05/2020: Estimación del efecto de corto plazo de la covid-19 en la pobreza en Uruguay.

  Autores: Matías Brum y Mauricio De Rosa

- 23/04/2020: Efectos económicos de las pandemias: una mirada de largo plazo.

  Autores: Pablo Marmissolle y Carolina Romero

- 20/04/2020: Los seguros de desempleo ante un mercado laboral en terapia intensiva. Insumos para enfrentar la pandemia.

  Autores: Hugo Bai, Paula Carrasco, Andrés Dean e Ivone Perazzo

- 17/04/2020: Cada uno en su lugar. ¿Y después qué?

  Autores: Martín Leites, Ivone Perazzo y Agustín Reyes

- 07/04/2020: Coronavirus en Uruguay: medidas económicas a la talla y el aplanamiento coordinado de las curvas.

  Autores: Bibiana Lanzilotta, Gabriel Merlo y Gabriela Mordecki

- 06/04/2020: Solidaridad, innovación y audacia. Tres elementos claves para vencer la crisis económica por el coronavirus.

  Autor: Adrián Rodríguez Miranda

- 03/04/2020: La educación en tiempos de pandemia. Y el día después.

  Autoras: Elisa Failache, Noemí Katzkowicz y Alina Machado

- 03/04/2020: El Proyecto de Impuesto Emergencia Sanitaria COVID-19 y la distribución del ingreso: elementos para el debate.

  Autores: Mauricio De Rosa, Andrea Vigorito y Joan Vilá

- 23/03/2020: Las políticas económicas y sociales frente a la expansión de la pandemia de COVID-19: aportes para el debate. 

  Autores: Mauricio De Rosa, Bibiana Lanzilotta, Ivone Perazzo y Andrea Vigorito